En el apartamento de Julia. El timbre me arranca del sueño a las 7:15. Desnuda. Julia ya se fue. Busco una camisita corta, casi transparente. Abro la puerta. Un tipo de cincuenta, trajeado, enfadado. Su garaje bloqueado por el coche de ella. Me arrastra al pasillo. Miro el parking oscuro. Encuentro las llaves en su mochila. Entre condones, cigarrillos y… un vibrador enorme. Imitación de verga gigantesca. Caucho suave. Demasiado gruesa para mi mano. El viejo mueve el coche. Me dice que lleve bragas. Cabrón. Vuelvo. Curiosidad quema. Lo saco. Huele a plástico. Me acuesto desnuda. Manos recorren pechos, vientre, muslos. Dedos rozan clítoris. Endurece. Calor sube. Agarro el monstruo. Lo froto en la raja. Glande masajea clítoris. Labios se abren. Mouille comme une chienne. Empujo. Entra lento. Suspiro. Llena todo. Empujo más. Grito. Toca fondo. Vaivenes largos. Placer puro. Acelero. Violento. Hurlos. Orgasmo brutal. Media hora. Sudor. Temblores. Mejor que cualquier hombre.
El timbre otra vez. 11:30. Me visto a prisa. Es Esperanza, la portuguesa menuda y roja. Su acento balbuceante. Limpia furiosa. Encuentra el vibrador en la cama. ‘¡Qué grande!’ Sonríe pícara. Le digo que lo probé. Asiente. Habla de su marido borracho. Quiere prestado. Prometo pedirlo. Limpia todo. Se va sonriente. Lo lavo. Seca en la mesa. Duermo más. Despierto excitada. Tele porno. Blacks con vergas enormes. Me ignoro. Teléfono. Laurence cancela la fiesta. Julia llega pronto. Secreto intacto. Placer mío solo. Transgredí. Toqué lo ajeno. Goce visceral. Nadie sabe. Vuelvo al sofá. Esperándola. Cuerpo aún vibra. Interdicto delicioso. Nadie sospecha esta lujuria oculta.