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Cerdos salvajes en el Aigoual: Mi noche de transgresión prohibida

En el campamento del Aigoual, bajo la luna llena, el aire olía a pinos y tierra húmeda. Seis chicas, cinco chicos. Eric propone el sorteo: tres preferencias por papel. Mi lista: Hélène primero, Émilie, Sonia. Me asignan a Sonia. Esa mirada dura, rostro hispánico, ojos negros como carbones. No hablamos nunca. Su ‘OK’ helado me congela la sangre.

Entro en la tienda. Ella lee Angot con frontal. Pelo suelto, menos fiera. Me desvisto rápido dentro del saco. Nu como un gusano. ‘¿Me elegiste?’, pregunta. Balbuceo sí. Mentimos. Salgo a la rivière. Vuelvo. Silencio. Finjo dormir. ‘¿Vas a quedarte quieto?’, dice. Corazón late fuerte. No capto. Salgo otra vez.

El despertar de la pasión prohibida

Cerca del agua, los sorprendo. Hervé desnudo boca arriba. Caroline encima, tetas enormes balanceándose, culo gordo subiendo y bajando. Jadeos rítmicos. Me paralizo. Faldas blancas bajo la luna. Sonia atrás: ‘¿Qué piensas?’. Se pone delante. Tee largo, muslos pálidos. ‘Romántico’, digo. Sonríe leve. Su pie en el mío. Mano en mi cuello. Pechos contra mí. Beso. Lengua caliente. Caroline gime atrás. Nos arrastra a los mats fuera.

Me pone la mano en sus tetas. Besos en cuello. Me quita la camiseta. Boca en abdomen. Baja el calzoncillo. Polla tiesa. Miedo a humillación. Pero mano fresca la envuelve. Lengua cerca. Me arrodillo. Le quito tee. Tetas pálidas, areolas rojas. Mamila dura en mi boca. Almendra dulce. La tumbo. Dedos en muslos. Humedad pegajosa. Nariz en pubis. Culotte abajo. Triángulo negro, húmedo. ‘¿Te gusta mi coño?’, cruje. ‘Hermoso’. Dedos chupados adentro. ‘Lámeme’. Lengua en clítoris. Gime fuerte. Suena a salvaje.

La entrega total y el secreto compartido

Se pone a horcajadas. Confiesa: ‘Te deseo desde el principio’. Polla entra suave. Calor apretado. Mueve caderas. Caroline mira, dedos en coño, chupándolos. Nathan y Hélène asoman. No paramos. ‘Te haré gemir’. Ondula. ‘¡Sonia!’. Grita mi nombre. Eyaculo dentro, ahogado en tetas. Ella grita ‘¡Dios!’. Explosión.

Al amanecer, desayuno tenso. ‘¿Bien dormido, Lilian?’, guiña Eric. Risas. ‘Cerdos salvajes’, digo. ‘Con silueta humana, gimiendo tu nombre’, pincha Hélène. Sonia desvía: ‘Atacan campamentos’. Taquillas. Me voy al bosque. Secreto roto, pero placer intacto. Oírme llamar ‘Lilian’ en éxtasis. Observados. Transgredimos todo. Mañana, nuevas tentes. Ansío más. El grupo arde bajo cenizas.

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