Skip to content

Mi Obsesión Prohibida con mi Jefa en su Despacho

En el despacho de su casa de campo. Todo empezó hace años. Mido 180 cm, moreno, 25 años. Volvía de París, del ejército, a Suiza. Trabajo en agencia inmobiliaria en Ginebra. Mi jefa, Michelle, 50 años, espectacular. 178 cm, rubia, pechos pesados e imponentes. Piernas largas, bronceadas, musculosas. Culito perfecto que me volvía loco. Fantaseaba sodomizándola.

En la oficina, se miraba en el espejo. Todos reíamos. Pero yo no podía mirarla a los ojos. Solo veía sus pezones enormes marcándose en las blusas. Me ponía duro al instante. Situación pecaminosa. Ella lo notaba. Jugaba conmigo. Me llamaba a su despacho para clases de leyes inmobiliarias suizas. Cada vez, erección total.

El Despertar de la Pasión

Un día, me citó. ‘John, ¿qué te pasa? Estás raro’. ‘No, todo bien’, mentí. Solo veía sus tetas. ‘Dime qué te ocurre’. Me puse rojo. ‘No quiero ofenderte’. Se acercó al escritorio. Sus pechos casi me rozaban. ‘Sé que me miras diferente. Estoy acostumbrada’. ‘Eres deseable, me incomoda’. Silencio. Me miró como loba. Pensé que me despedía.

Pero sonrió. ‘Gracias, John’. Se sentó en el escritorio, cerca. Nuestros ojos se clavaron. Entró Nicole, interrumpió. Salí. ‘Hablamos después’. Meses pasaron. No tocamos el tema. Pero ella avivaba mi deseo. Cada mirada, tortura deliciosa.

Organizó fiesta en su casa de campo. Todo el equipo. Fui con mi novia, guapa, 168 cm, tetas perfectas. Sexo explosivo con su amiga, pero otra historia. Michelle me rozó en el salón. ‘¿Viste la casa?’. ‘No, me encantaría’. ‘En 5 minutos, arriba’. Besé a mi novia, excusa de charla laboral. Subí.

La Pasión sin Límites y el Secreto Guardado

Allí estaba. En el sofá grande del despacho. Blusa tensa, casi transparente, tetas temblando. Falda negra, muslos al aire. Piernas bronceadas, suaves. Quitó gafas oscuras. Ojos húmedos. Me senté frente. Silencio cargado. Se levantó, se acercó. Corazón latiendo fuerte. Labios entreabiertos, lengua asomando. Respiraciones roncas. Mi polla hinchada. Ella vio. ‘¿Yo te pongo así?’. ‘Sí, loca por tus labios. Quiero que me chupes’.

‘Tienes una polla preciosa, la quiero en mi boca’. Me besó, bajó. La atrapó torpemente, con ardor. Gemía. ‘Quiero tu leche, lo sueño’. Me succionó con furia nueva. Me derretí. Ruido de tacones. Se incorporó, roja, despeinada. Se pegó a mí. Mis manos en sus pezones. ‘Sí… más’. Los amasé fuerte. Ojos en blanco, se tocaba, convulsionaba. Me tiró al tapete. Agarró mi polla, la guió a su coño húmedo. Se empaló gimiendo.

Subía y bajaba. ‘Fóllame fuerte, hazme daño, me gusta’. La puse a cuatro patas. Saqué, volví a meter. Gritaba. ‘Ahora por el culo’. Su coño chorreaba, lubricaba el ano. Entré suave, luego rápido. Todo adentro. ‘¡Fóllame el culo a fondo, duele rico!’. Eyaculó gritando. La puse de lado, toqué clítoris. Vaivenes brutales. Aullaba. Me puse ante su boca. Me mamó tierno, traguó todo. Explosión.

Quedamos exhaustos. Olor acre en el aire. Tiempo perdido. Primera follada laboral. Secreto intacto. Bajé, novia sonriendo. Michelle guiñó ojo. Adrenalina del riesgo. Placer prohibido eterno. Satisfacción de haber osado. Nadie sospecha.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *