En la discoteca rétro, julio caluroso. Tengo 20 años, C. 40. Vive en casa de mi padre con su madre. Divorciada, tetas enormes, culo redondo, pelo rizado rojo. La miro siempre. Me masturbo con sus bragas del cesto sucio. Huelo su coño en los tangas húmedos. Fantaseo follarla. Esa noche, salimos juntos. Ella se arregla en el baño. Sale con falda negra, blusa blanca apretada. Sus pechos saltan. Bebo whisky para atreverme.
Llegamos. Pista llena de slows. La invito. ‘Hotel California’ suena. Manos en sus caderas. Siento su tanga fina. Mi polla se endurece contra su vientre. Ella nota. ‘¿Eso eres tú?’, dice sonriendo. ‘Sí, tú me pones así’. Sus manos bajan a mi culo. Yo toco el suyo. ‘Despacio, hay gente’. Quiero besarla. ‘Estoy loco por ti’. La beso en el cuello, mejillas, labios. Ella cierra la boca al principio. Luego abre. Lenguas enredadas. Nos paramos, abrazados, ignorando la música.
El despertar de la pasión prohibida
Regresamos a casa. Todos duermen. En la entrada, besos salvajes. Le quito la blusa. Sujetador negro, tetas a punto de estallar. Las chupo, muerdo pezones duros. Ella abre mi camisa, juega con mis pezones. Mi polla duele en el pantalón. Se arrodilla. Abre cremallera. Sale tiesa. Me mira a los ojos. La mete en boca. Chupa lento, luego hondo. Me masajea huevos. La follo en la garganta. Quiero correrme. ‘Me vengo’. Traga todo, lame hasta la última gota.
En su cuarto. Condón olvidado. Me desnuda. Lamo su tanga mojada. Aparto tela, chupo coño empapado. Clítoris hinchado. Lengua dentro, sabe a sexo puro. Gime bajito. Se sube encima. Tanguita de lado. Me penetra de un golpe. ‘¡Ah!’. Cabalga fuerte, cabeza atrás. Tetas libres, enormes. Las agarro, chupo. Se corre temblando. Yo aguanto.
La entrega total y el secreto eterno
A cuatro patas. La embisto profundo. Grita. Polla ardiendo en su chocho apretado. Tetas colgando, se balancean. La azoto suave. ‘Más fuerte’. Huevos contra su culo. Me corro dentro, sin goma. Chorros calientes. Ella también explota. Nos derrumbamos. Toda la noche follando. Varias posturas. Corridas infinitas.
Tres años de secreto. La familia ni idea. Me educó en sexo. De atracción física a cariño. Ahora tengo 30, ella 50. No me arrepiento. Mujeres maduras, no ignoren miradas jóvenes. Podéis tener pollas duras y orgasmos locos.