En la sala de mi casa, durante la cena de Nochebuena. El aire cargado de risas falsas y vino. Mi hijo mayor abre el paquete. Necronomicon. Edición de FNAC. Páginas falsas de Lovecraft. Risa nerviosa. Mi cuñado me arrastra al pasillo. Susurro urgente. ‘No es un juego. Ese libro es peligroso’. Corazón acelera. Sudor en la nuca. Excitación prohibida. ‘Es ficción’, digo. Pero sus ojos brillan. Menciona a Duverger. Vaticano. Secta. Mi polla se tensa ante lo tabú. Contacto. Email rápido. Respuesta seca: sábado, 14h, 3 rue de la Paroisse.
Días después. Mi hijo me da un talismán. Madera tosca. ‘Para protegerte de Cthulhu’. Lo cuelgo al cuello. Piel erizada. Sueños ya me invaden. Ritos oscuros. Cuerpos retorcidos en éxtasis. Despierto sudado, duro. Obsesión crece. Fiebre en las venas.
El despertar de la pasión
Llego al sitio. Edificio discreto. París, 75020. Puerta se abre. Duverger, enano regordete, voz melosa. Té ruso. Calor baja por garganta. Ojos pesados. ‘Lovecraft nombró a los demonios reales’, dice. Risa incrédula. Pero el mundo gira. Droga. Pánico dulce. Manos lo atan al altar. Frío mármol contra espalda desnuda. Monjes en círculo. Crucifix brillan. Himnos guturales. Mi verga traicionera palpita. Terror y deseo mezclados.
Vidriera estalla. Criatura irrumpe. Alas serradas. Pico dentado. Ojos lechosos. Sangre salpica. Gritos ahogados. Intestinos de Duverger se derraman. Olor a hierro, mierda, pis. Náuseas voluptuosas. Se acerca. Garra corta cuerdas. Piel viscosa contra mi carne. Calor infernal. Voz en cráneo: ‘Sube. Agárrate’. Obedezco. Sangre resbala por mi pecho. Náusea y éxtasis. Alas baten. Vuelo alto. Viento lame piel. Fiebre me quema adentro. Pérdida.
El secreto preservado
Despierto en prado. Hierba húmeda bajo cuerpo. Criatura cerca. Tendrándome un silbato. ‘Para llamar’. ‘¿Yog-Sothoth?’, balbuceo. Desaparece. Inscripción: ‘Para Papá’. Terror puro. Llamo a mi hijo. ‘Invocé. Pacto por ti’. Salvado. Pero pacto. Carne tiembla aún. Secreto arde en pecho.
Noches ahora intensas. Silbato en bolsillo. Toque madera. Voz responde. Promesas de poder. Transgresión total. Nadie sabe. Sociedad juzga. Aquí, libre. Placer del abismo. Osé. Vivo. ¿Precio? Pronto sabré. Pero esta fiebre… adictiva.