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II – Una puesta en situación reconfortante

En la sala de formación del hotel, los cordones de mis zapatillas se enredan. Me doblo, piernas tiesas, manos apenas rozan mis pies. El vaquero en los tobillos me atrapa. Mi raja expuesta tiembla. Las chicas ríen, mis nalgas saltan. Soledad me ahoga. Quiero suplicar sentarme, quitarme todo.

Tu voz corta el aire, fría: ‘¡Basta, señoritas! Recreo terminado’. Silencio. Cyrielle me ayuda, desata los nudos. Apoyo mi mano en su hombro. Libera mis pies, arranca el jean y la braga. Desnuda, pero ahora ‘rica turista’. Mejor. No sé si girarme, cubrirme. No, me dijiste que no. Cyrielle me empuja. Todas miran tu cara, no la mía.

El despertar de la pasión

Entra la anfitriona. Ve mi desnudez, pero sonríe. Tú la mandas con Cyrielle por la merienda, con mis ropas a lavar. Invitas a la anfitriona a quedarse. Sus ojos brillan. Ves su retraso de la prima. Guiñas pícaro. Planeas incluirla. Otra espectadora sabe de mi lencería húmeda.

Empieza el juego. Preguntas quién ha follado con mujeres. Rubores. Nadie responde. Mandas a Marie por mi ropa. ‘Quítate la braga’, le ordenas. Obedece, roja, se la da. Tú la olfateas después. ‘Estabas cachonda con mi striptease’. Risas tontas. Castigo: todas culottes a los tobillos. Patricia primero, sin braga, solo salva-slip. Todas bajan las suyas, jeans o faldas. Tablier para cubrir.

Marie me viste: slip ceñido en mi coño gordo, sujetador aprieta tetas. ‘Poils que salen’, dices. Abro piernas, ella mete dedos, acomoda mi mata contra la vulva. Húmeda aún. No dice nada. Tú examinas su braga mojada. Yo, ahora vestida, domino. ‘¡Urgente mi pedido!’, exijo.

Magali, camarera. Me desviste. Propone baño, masaje. Abre mampara, llena bañera. Desabotona mi vestido. Manos suaves en hombros, baja tirantes. Libera tetas pesadas. Baja slip, pulgares despegan seda de labios. Rodillas en suelo, cabeza en mi pubis. Empujo cadera, presiona tierno mis bordes.

Desnuda total. Sus manos calientes en piernas, tobillos. Alza mi muslo, palmas queman. ‘Piel bella, rodillas sensibles’. Mira mi coño abierto, húmedo, huele mi olor. Se gira: culo perfecto, abricot rosa entre muslos. Me mojo más.

La pasión sin límites

Céline trae bandeja. Ojos en mi clítoris, que froto sin parar. Su vestido abierto, sin sujetador, tetas redondas. ‘¿Dónde pongo?’, balbucea. La mando al borde bañera. Toco su espalda desnuda.

Entro al agua caliente. Magali pide quitarse ropa. ‘Sí, hazlo’. Se desnuda: triángulo negro, raja larga rosa, piel morena. La admiro: ‘Cuerpo delicioso, pubis perfecto, muslos… todo’. Se sonroja. Le como con ojos. Pico postres, lamiendo sugestivo.

‘Joven, fresca’. Baja sujetador: pechos firmes, pezones largos rosados. ‘Deliciosos como frutas’. Se acerca. Toco sus labios vaginales: ‘¿Depilada?’. ‘Sí, entre nosotras, por orden tuya’. Huele a miel y mar. Hablamos castigos, higiene, solidaridad. Sincera.

La pasión estalla. Enjabona mi piel, dedos en grietas. Froto su cuerpo bajo agua. Tetas chocan. Lenguas en clítoris. Gritos ahogados. Orgasmo me rompe, ella tiembla encima. Anfitriona mira, excitada. Tú controlas todo.

Secreto guardado. Vuelvo vestida, como nada pasó. Pero mi coño palpita. Osé exponerme, ser tocada. Placer prohibido, solo aquí. Nadie sospecha esta adicción visceral. Satisfecha, ansío más.

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