Estaba en la ducha. El agua caliente caía sobre mi piel. Hacía diez días que Laura me había dejado. Su imagen no salía de mi cabeza. Sus manos pequeñas recorrían mi espalda, mis muslos. Medía 1,50 m. Sus dedos, como hilos de agua. Sensuales. Cosquilleantes.
A pesar de su tamaño, su cuerpo era perfecto. Pechos redondos, firmes. Se erguían cuando se excitaba. Se arqueaba, levantaba los brazos, tiraba de su pelo. Pero sus nalgas… Dos globos perfectos. Cintura tan fina que mis manos casi la rodeaban. Una potranca irresistible. Sabía provocarme.
El despertar de la pasión bajo el agua
Perderla desató el caos en mis hormonas. Ella provocaba siempre. Manos expertas en la carne. Mi mano bajó a mi entrepierna. Acaricié mi polla. No con furia, pero suficiente. Se endureció. Venas hinchadas. Glande grueso. Un regalo de la naturaleza.
Recordé una noche. La invité a cenar. Una botella de vino. Su tamaño y mi debilidad al alcohol nos soltaron. Paseamos por París. Quais. Pont des Arts. Louvre. Mi mano en su cintura. Su cabeza en mi pecho. Dedos en su cadera.
Frente al Louvre iluminado, me pidió un beso. La sujeté por el cuello. Una mano en su mejilla. La otra bajó por su espalda frágil. Nuestros cuerpos se pegaron. Sentía mi erección contra su vientre. La apreté. Gimió. Mi mano en sus muslos. Pierna entre sus piernas. Su lengua danzaba con la mía. Experta. Ondulaba el culo mientras la tocaba por el jean.
La llevé a un banco. Se sentó en mis rodillas. Besos. Mi mano bajo ella. Presioné su sexo por el pantalón. Calor intenso. Se movía como si la follara ya. Pezones duros. Giró. Metió la mano en mi pantalón. Agarró mi polla. La apretó. Suspiré.
Poca gente. Parecíamos románticos. Pero nos tocábamos las zonas calientes. La frené. Hora de ir a casa. Subiendo escaleras, sus nalgas me volvían loco. Polla tiesa.
La entrega total en el recuerdo y el riesgo del presente
En la cama. Solo con bragas de seda blanca. Manos en sus tetas. Piercing en el ombligo. Agarré su coño. Mojada. Dedos por la seda. La penetré. Gimió. Se pegó a mí. Besiqé su clítoris. Lengua de abajo arriba. Ecartó piernas. Lamí fuerte. Dos dedos dentro. Jugaba su punto G. Se corrió. Temblores. Cara ahogada en su jugo.
Dedos en su culo. Fácil, lubricado por su flujo. No le gustaba, pero gritó. Me besó tierno. Mi polla lista. Glande en su entrada. ‘¡Fóllame!’, suplicó. Me hundí entero. Su coño apretado. 1,50 vs mi 1,80. Beuglido de placer. Ritmo rápido. Brillos de succión.
La puse encima. Cabalgaba. Glande contra su matriz. Criaturas. Se frotaba el clítoris en mi pubis. Vi mi polla entrar y salir, brillante. Gritos. Sudor. Eyaculé dentro. Ella colapsó. Temblores compartidos. Semen goteando.
De vuelta a la ducha. Polla en mano. Golpes furiosos. Frustrado. Entonces, vi su silueta. Mi media hermana, Caroline, entró. Vidrio esmerilado ocultaba, pero mi erección deformaba todo. Paré el agua.
Primera vez juntos de verdad. Vacaciones en casa de papá. Ella, rubia, ojos verdes, cuerpo perfecto. Coureuse. Habíamos hablado de sexo. Me atraía. Me reprimí. Ahora, salgo con toalla. Polla semi visible. Ella en ropa interior. Maquillándose. El aire cargado. Prohibido. Corazón latiendo. Excitation del incesto acechando. Secreto guardado. Placer de osar mirarla así.