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Mi obsesión prohibida: el escort que me despertó

En mi taller, entre lienzos y óleos. El corazón late fuerte. Mi amante de veinte años ya no me llena. Su cuerpo en barbecho. Yo, hambrienta. Decido pagar por placer. Busco en la red. Escojo uno: latino, moreno, promete masaje asiático. ‘Pagamos por comer bien, ¿por qué no por amar bien?’. Mensajes. Llamada. Voz grave. Lo invito a casa. Mañana de dudas. ¿Cancelar? No. Timbra. Abro el portón del jardín. Ahí está. Guapo, pero gesticula suave, gay evidente. Decepción punza. Café. Charla torpe. Él curioso por mis mensajes. Tomo su mano. Suave, temblorosa. Emoción. Saca aceites, plumas de avestruz. Río nerviosa. Champagne. Música suave. Cuerpos se acercan. Olvido todo.

Sus dedos rozan mi piel. Tenso, delgado, exbailarina. Me recorre despacio. Calor sube. Yo devoro su piel ardiente. Boca hambrienta. Sorprendente: su polla se yergue dura. La chupo fuerte. Gime. Él, gay, responde. Todo estalla. Lenguas en todas partes. Él lame mi coño depilado, clítoris hinchado. Suspiros largos. Yo muerdo sus pezones. Duros como frutas maduras. Dedos en su culo redondo, suave. Se arquea. Más dedos. Él entra en mí. Glissada lenta. Follamos sin freno. Posiciones salvajes. Me empalo en su verga. Él en mi ano. Sudor, gemidos. Carne contra carne. Descubrimiento brutal. Prohibido, intenso. Orgasmo me rompe. Él eyacula gritando.

El despertar de la pasión

Secretos guardados. Nadie sabe. Amigos ahora. Hablamos de vidas, amores. Mi musa latina. Pinto naranjas, dorados. Sueños animales le cuento. Cuando palabras fallan, follamos de nuevo. Danza chamánica. Placer vivo. Osé. Renací. El tiempo no me roba más. Esto es mío, eterno.

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