En el dormitorio de nuestra casa. Seis meses atrás. Nathalie regresa tarde de la fiesta de profesores. Dos de la mañana. Yo escribo excitado, imaginándola. Lleva una minifalda negra, escote profundo, sandalias que muestran sus pies divinos. Yo le pinté las uñas de rosa pálido. Sabía que atraerían miradas.
‘¿Cómo estuvo la noche?’, pregunto. ‘Bien, con Christian todo el rato’, dice bajando la vista, sonriendo. Christian, el profe de mates, guapo, de su edad. ‘Me dijo que tengo pies bonitos. Como tú’. Mi polla se endurece al instante. Ese fetiche mío, solo con ella. Pies pequeños, talla 36, suaves, arqueados, olor a cuero y piel.
El despertar de la pasión
La provoco. ‘Le gustaron tus pies desnudos en sandalias. Toda la noche mirándolos. Tortura’. Me arrodillo, le quito las sandalias. Marcas leves de las tiras. Planta húmeda, salada. Inhalo. ‘Si follaras con él, ¿le darías tus pies?’. ‘Sí, si le gusta’, murmura ruborizada.
La desnudo. Manos en sus tetas, entre sus piernas. Húmeda ya. ‘Imagina su mirada en tus pechos, sus manos’. Gime. ‘Si bailaran, sentirías su verga dura contra ti’. La penetro. Calor apretado. ‘Cierra los ojos. Es él’. ‘¿Qué dices?’, pero su coño chupa mi polla.
La pasión sin límites
Le hago repetir. ‘Christian, acaricia mis tetas’. Lo dice. ‘Christian, chupa mis pies, mételes la lengua entre los dedos’. Grita: ‘¡Sí, mis pies te ponen cachondo!’. Nunca dijo ‘bander’ antes. ‘Mete la mano bajo mi falda, fóllame’. ‘Te quiero, Christian’. Jode, explota en mi oído mientras la follo salvaje.
En la cama ahora. Su cuerpo tiembla. Yo chupo sus pies, la penetro más hondo. Dedo en su culo. ‘Siente su semen en ti’. ‘¡Sí, Christian, córrete en mí, te deseo desde hace meses!’. Grita, muerde mi hombro. Orgasmos brutales. Yo eyaculo dentro, oliendo sus pies.
Al día siguiente, silencio cómplice. Nunca hablamos de eso. Pero cambió todo. Su virtud rota en fantasía. Mi fetiche alimentado. Ninguna amante iguala sus pies. La fidelidad por este secreto. Oso más. La sociedad no juzga aquí. Solo placer visceral, transgression pura. Nadie sospecha. Nuestro lazo, más fuerte en lo prohibido.