En el garaje de mi mansión en las alturas de Malibu, bajo el capó de mi Mercedes SLK gris metalizado que me costó 325.233 dólares, aprieto el botón. El techo se retrae con un gemido ronco. El aire caliente de la costa californiana me golpea la cara. Soy Mark Shades, neurocirujano estrella, cuadragenario bronceado, con piel naranja y pecho velludo. Acabo de salvar tres vidas hoy. Kyler, el crío con un tumor por una pelota de béisbol caída de su estantería. Paula, la hipocondríaca sexy con curvas que me pusieron duro en la camilla, pero su novio quarterback me frenó. Y el veterano iraquí, hundido por un hackeo que reveló su suscripción a ‘Philosophy Magazine’. Pets reprimidos todo el día en quirófano, ahora suelto gases ruidosos mientras devoro los lacets con el motor rugiendo.
Casa vacía desde que Yoko me dejó. ‘Eres demasiado perfecto’, sollozó, huyendo con su maleta. Piscina desierta, home cinema apagado. Me desnudo en el salón, dejo la ropa tirada. Mi polla se yergue con la brisa vespertina. Salto al agua de un chapuzón perfecto, nado crawl recitando Whitman. Veinte largos, un pedo masivo remueve la piscina. Hora de llamar al gastro.
El Despertar de la Pasión: El Elemento Desencadenante
La veo. Al fondo, en la tumbona, una diosa de 24 años y medio, pelo negro exuberante, velo blanco transparente. Pezones duros asomando, tetas generosas, caderas anchas, vello púbico oscuro. Sueña, boca entreabierta. Mi verga palpita, dura como nunca. Quiero follarla ya, como Don Draper. Me acerco, oculto mi erección contra el borde.
—Ey, ¿quién coño eres?
Sus ojos verdes brillan. Se levanta lento, camina hacia mí desnuda bajo el velo. Tetas bamboleando, coño expuesto. Mi polla crece al máximo. Sonido de gong: Jason en la puerta. Desaparece.
Jason, mi colega de racquetball, pasa a chequearme por el divorcio. Menciona a Rachel Fifty, mi paciente de ayer, necesita reoperación. Le cedo el caso, exhausto. Vuelvo a la cama, listo para Morfeo.
—N’No temas —susurra ella al pie de mi cama, igual de desnuda.
El Acto sin Límites: Pasión Visceral y Transgresión
Peto de susto. Es Rachel, su fantasma. Violada por Jason en coma, alma errante vio mi cirugía. Me confiesa su affair con él: firmó un contrato perverso para follar. Presiones en tetas dormida, nalgadas en el clímax. La usó como puta, la golpeó al amenazar con contárselo a Janet.
Mi polla traiciona el shock. Jason en quirófano ahora, con bisturí alzado. Corro a la SLK, arranco en reversa. Lacets locos, empujo un camión al abismo. Escalada al 18º piso por la pared. Entro sigiloso. Bisturí baja hacia su cráneo.
—¡Para, cabrón! —salto, le clavo el bisturí en la garganta repetidas veces. Sangre chorrea, gorgotea ‘¿Por qué?’.
Salvo a Rachel en 10 horas de cirugía. Seis meses después, en el restaurante, embarazada, le doy mi contrato: ‘Te amaré más allá de lo que tu corazón soporte’. Besos calientes, nombres al bebé: Kyler.
Nadie sabe mi secreto. Maté por ella, por ese deseo prohibido que me consumió. La transgresión me excita aún. Piscina, fantasma, sangre, polla dura. Vivo al límite, anónimo en mi vicio.