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La Noche de Transgresiones en Casa de María

En la terraza de la casa de María, junto al mar siciliano, el calor de la noche me envuelve. Acabamos de volver de la playa con Bettina, mi suegra. Su garganta aún guarda el sabor de mi semen caliente. Lo tragó todo, sin perder una gota. Sus labios besaron mi vientre musculado, dientes mordiendo mis pezones. Sus dedos jugaban con mis vellos. Me abandoné a sus caricias. Luego, su boca subió a mi cuello, mordió mi oreja, y nos besamos con furia. Su boca, tan suave, tan caliente. ‘¡Oooh, Bettina, me has hechizado!’, gemí. Ella rió: ‘No te enamores de una dama de 55 años’. Jugaba con los pelos de mi pecho. Nos bañamos como adolescentes. Ahora, Angela nos espera con un gin tonic. Reímos. Tomamos cervezas frías en silencio.

La cena en casa de María bulle. Veinte invitados devoran antipasti. Yo ataco pimientos y verduras en aceite. Conozco a María, morena deliciosa, como mi ex secretaria. Habla francés torpe. Vive con su madre viuda, como Bettina. Río: las mujeres dominan aquí. Angela baila en la playa con amigos. Yo me quedo en la barra, bebo cerveza local. Recuerdo las corridas de la tarde con Bettina. Me vuelve loco esa hembra madura. ¿Enamorado? Su placer fue único, demoníaco.

El Despertar de la Pasión Prohibida

Un gemido arriba me alerta. Subo sigiloso. Puerta entreabierta. Bettina en sandwich entre dos hombres. El tabernero la sodomiza, su hijo la monta. Jadeos rítmicos. Me acerco. El tabernero me ve, guiño cómplice. Bettina me mira, sonrío, la animo. Gimen fuerte. El padre gruñe, eyacula en su culo. El hijo grita, descarga. Bettina ahoga sus gritos. El tabernero se saca, se masturba sobre sus nalgas. Verga enorme. Chorros largos la cubren. La dejo recuperarse, bajo sin celos, solo un pinchazo.

El Acto Sin Límites y el Secreto Compartido

Bettina me encuentra en la barra. ‘Eres un pillín. ¿Celoso?’. ‘No, belle-maman, solo placer’. Reímos. Prometo silencio. Vamos a la playa. Angela baila ebria. Me abraza, beso con aliento a gin. Sus manos bajo mi camisa. ‘Te quiero ahora’. Me arrastra al final de la playa. Se quita la braga, se arrodilla, sube la falda, ofrece su culo. ‘¡Fóllame ya!’. Se toca el coño. Mi polla dura golpea sus labios húmedos. Empujo lento. ‘¡Sí, labra fuerte!’. Clavo mis caderas, puño meloso aprieta mi verga. ‘¡Dedos en mi ano!’. Meto dos, acelero. Ella ruge, arena en muslos. Corre brutal. Imagino a Bettina, exploto en su culo. Grito inhumano. Ella también.

Ruidos cercanos. Vemos a María arrodillada, desnuda. Masturba y mama cuatro pollas: tabernero, su hijo, dos viejos. El alcalde tiembla. Lo traga entero, aspira. Ordena, acelera. Eyacula en su boca. Los otros la rocían: mentón, hombros, pelo. Limpia glans con lengua. Se acuesta, se masturba abierta. Luna ilumina su mano en el coño, pellizca tetas. Hijo del tabernero la penetra violento. Padre en su boca. Causan sus muslos. Corridas en cara, coño, hombros. Ella lame todo. Se baña en el mar, vuelve fresca. ‘¿Visteis? ¡Genial!’. Angela: ‘¡Qué cambio, tan tímida antes!’. ‘Os vi follar. ¡Balou, qué sodomía!’. Volvemos riendo, secreto intacto. Placer de lo prohibido me quema. Osa y vive.

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