En los aposentos reales, envuelta en vapor de leche de burra. Mis esclavas me masajean. La nueva, rubia de pechos pesados, unta aceite en mi piel. Sus manos tiemblan. Huele a deseo. Ordeno: úsame con tu cuerpo. Sus tetas resbalan por mi espalda. Duras. Calientes. Su coño húmedo contra mis nalgas. Me excita. Me volteo. Intenta besarme. La dejo. Lenguas enredadas. Gime. Frota su sexo contra el mío. Clítoris busca clítoris. Sus pechos aplastan los míos. Pero no. ‘Acuéstate, perra. Tócate para mí’. Obedece. Meto un dedo aceitado en su culo. La miro fijo. ‘Siente cómo te revuelvo. Eres mía. Gime fuerte. Segunda dedo. Tercero. Te abro el ojete, puta. Tócate la concha. Clapea. Gime bajo mis insultos. ¡Córrete!’. Explota. Tiembla. La acaricio suave. Apaciguada. No corrí. Me reservo para él.
Servantas me visten. Joyas. Maquillaje. Sublime. El capitán observa tras moucharabieh. Siempre. Ley del reino. Esclavo de élite. Pero para mí, hombre. Mi amor imposible. Prohibido. Niños, jugábamos. Sus ojos me devoraban. Creció muro. Se unió a mi guardia. Tortura mutua. Lo sé. Mandé seducirlo. Lloró en brazos de mi dama. Ahora, noche semanal de ternura. Una vez, me toqué mirándolo fijo. Murmuré su nombre. Amor. Se masturbó. Desde entonces, silencios. Ojos hablan. Esta noche, le digo con mirada: ‘Ves lo que haré con el duque. Palabras para ti. Besos para ti. Pero sufrirás viéndome con él. Tu deber te ata. Tu orgullo. Sé tu dolor. Me excita tu celos’. Sus ojos brillan. Lágrimas. Dolor delicioso.
El despertar de la pasión: el elemento desencadenante
Horas después. Duque duerme. Repleto. Lo enloquecí. Dulce al inicio. Firme después. Me hizo gozar de verdad. Lo agoté. Busco al capitán. Ojos locos. Lágrimas frescas. Me excita. Manos a mi coño. Recojo semen pegajoso del duque. Lo chupo. Sabor salado. Dedos dentro. Mirada imperiosa. ‘Tócate, amor. Arrodíllate. Saca tu verga’. Obedece. Se pajea. Yo tiro pezones. Acelero. Él corre. ‘Lame tu lefa del suelo’. Lo hace. Guerrero como puta. Me corro brutal. Arqueo.
Duque despierta. Manos en mí. Fuego renace. Última mirada al capitán: ‘Cierro ojos. Pienso en ti. Grita tu nombre en alma. Tú me follas por él’. Me pone a cuatro. Prepara culo. Lengua adentro. Me ofrezco. ‘¡Fóllame el culo!’. Su polla entra. Dura. Llena. Imagino la tuya. ‘¡Más fuerte, esclavo! ¡Destrúyeme!’. Él embiste. Yo ordeno ojos: ‘Pajea imaginándome. Tu verga en mi culo. ¡Corre conmigo!’. Tiemblo. Se aprieta. Su semen inunda. ‘¡Corre, amor! ¡Grita por mí!’. Él eyacula. Fuerte. Bello. Ojos tiernos. Corazón duele. Eres mío. Secreto eterno. Algún día, libre.