Skip to content

El baile que despertó la lujuria prohibida de mi esposa

En la pista de baile, todo empezó. La esposa de nuestros amigos, Agnès, me pide a Sandra que anime a su marido Laurent, de morros por una riña. Sandra lo arrastra a bailar. Se pegan como imanes. Manos en nuca, espalda, caderas. La audacia suprema: roce en el lateral de un pecho. Oscuridad cómplice. Yo observo desde lejos, atónito. Mi prude Sandra, modelo de fidelidad, flotando en su nube. Plaquée contra él, cabeza en hombro, caricias en nuca durante el slow. Calor sube. Se eclipsan un rato, ¿cigarrillo? Vuelven pegados hasta el fin. Agnès me pincha: ‘¿No ves cómo bailan?’ Río: ‘Déjalos, misión cumplida.’

Semanas después, presión hierve. Sandra habla de él nonstop, lo llama por nimiedades. Viernes noche, 22:30. Laurent en casa para un trago post-reunión. De pronto, baja Sandra. Supuestamente dormida arriba. En nuisette blanca hasta medio muslo. Nada debajo. Lo juro. ‘¿Frío?’, pregunto hipócrita. ‘¡No!’ ‘¿Nada abajo?’ ‘¡Mira!’ Levanta el tejido en un flash. Coño rubio expuesto, tetas libres en escote. Se besa conmigo, luego con él, apretándose más. Se planta frente a Laurent, ofreciéndose. Curvas perfectas: caderas anchas, piel fina, monte de Venus abultado, muslos tiernos.

El despertar de la pasión en la pista

Se sienta entre nosotros, pecho contra su codo. Me mira, guiño triunfal. Tension sexual crepita. Me levanto: ‘Olvidé el grifo del jardín. Cuida de Laurent, Sandra. Cinco minutos.’ Salgo, pero giro sigiloso. Espío por la rendija. Orgía instantánea. Se devoran a besos. Él amasa tetas bajo nuisette. Mano sube muslo, arrastra tela. Ella se levanta. Él la pega, sube nuisette lento. Admira desnudez: intimidad rubia arrogante. Libera pechos. Manos ajenas recorren mi territorio. Tetas pesadas, pezones duros lamió. Ella gime, cabeza atrás.

La entrega sin límites en casa

Gira. Veo de tres cuartos. Mano en nuca, espalda, nalgas. Dedo en surco. Ella empuja. Otra mano frontal, invade coño. Vaivén sutil. Sandra chalúpea, gime ahogado. Acelera. Chupeteo húmedo. Tiembla, pies en puntas. Contracciones en culos, basinazos. Grita ronco, se derrumba en él. Orgasmazo de pie, brutal. Nunca visto.

Vuelvo ruidoso. Ellos sentados, inocentes. Nuisette arrugada. ‘¿Fuisteis buenos?’ Sandra ríe: ‘¿Qué íbamos a hacer en tan poco?’ Laurent se va frustrado. Esa noche, follo a Sandra como loco. Fuego artificial. Secreto intacto. Emoción del proibido me quema. ¿Seguirá? El mañana promete más transgresión. Placer culpable, mío solo.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *