Gracias de nuevo a los lectores de mis aventuras reales. Sus comentarios me animan a seguir. Las vacaciones cortaron nuestro romance por un tiempo. Al volver, intento verla en su casa, discreto. Nada. En octubre, la veo frente a una tienda con su madre. He engordado, noto en su silueta. Aparco, me acerco, las sigo. Me ve, sorprendida. No osa nada. Me hace señas. Entiendo: ve a la buzón. Anoto otra dirección pegada. Una villa. Planta baja.
Una semana después, vuelvo. Abro el portillo, paso bajo el balcón. Toco suave. Su voz, acento encantador: ‘No puedo abrirte, Bernard, perdóname’. Insisto. ‘No puedo decírtelo, quiero verte pero no’. La dueña abre la ventana arriba. Me despido rápido. Decepcionado.
El despertar de la pasión: el reencuentro inesperado
Meses pasan. La busco. La veo con carrito. ¡Embarazada! Por eso no abrió, vergüenza. Más meses. La cruzo en Solex con niño atrás. Doblo, la sigo. Llega a un edificio. Elevator exterior. ‘¡Odile, espérame!’. Sorprendida. ‘¿Bernard? ¿Cómo?’. Explico búsquedas. ‘Me alegra verte’. ‘¿Por qué no abriste?’. ‘Vergüenza embarazada’. ‘Hubiese sido más bella’. Subimos a ver a su madre. Abro su blusa, saco pecho. ‘Mira, flojos de amamantar’. ‘Hermosos, pezones grandes’. Seis pisos. Me da cita, teléfono, beso.
Primavera. Cita ruta, 14h. Sube con niño atrás, carrito maletero. A nuestras colinas. Niño duerme. Ella: ‘Lástima no reencontrarnos antes de casarme’. Para. Trajo ropa: vestido encaje, falda corta. Yo, medias, liguero. Redescubro senos flojos, pezones arrogantes. Le gustan. Los acaricio, lamo. Sensibles. Aprieta mi cara. De pie contra coche. Lágrimas emoción. Beso rostro, lamo lágrimas. Mano entre muslos. Vello espeso. Me agacho, beso coño. Huele delicado. Separo pelos, lengua entra. Mouillé, delicioso. Abre piernas, empuja.
La subo capó, eche atrás. Muslos abiertos. Pétalos rosados. Lengua en agujero. Grita, espasmos. Corre ya. ‘Métemela’. Froto verga en raja, clítoris visible. Piernas me jalan, glande entra. Aspirada. Amaso senos, pellizco pezones. Embisto. ‘Fuerte, cógeme fuerte’. Se pega, ritmo salvaje. ‘Me corro’. Exploto dentro. Vacío profundo. Besos. Promete volver.
El acto sin límites: éxtasis en la carrocería y bajo la lluvia
Segunda vez, lluvia. Niño duerme atrás. Bajo árboles. Besos empañan. Más audaz. Levanta jersey, sujetador negro balconette. Saca pezón: ‘¿Te gusta?’. Chupo como loco, seno entero. Libera ambos, frota. Presiona juntos, ofrenda. Gime mi nombre. ¡Corre solo de senos!
Me empuja portezuela. Pierna arriba, sin bragas. ‘Como pediste’. Sexo negro-rosado, hermoso. Me baja pantalón. Ríe verga. Me pajera fuerte. Boca en tronco, besa, chupa. Calor paraíso. De rodillas, falda arriba. Acaricio culo, coño chorreando. Para, casi duele placer. ‘Contento? No se lo hago a marido’. ‘Delicioso’. ‘Métemela’.
Bajo asiento. Se sube, falda cintura. Frote poilosa. Se empala, grito ahogado. ‘¡Qué bueno!’. Ojos en ojos. Susurro: ‘Quería correrme en boca’. ‘Me gusta dentro’. Tortilleo, chatte ardiente. Orgasmo brutal. Vacío eterno. Aislados del mundo. Secreto intacto. Satisfacción osada. Esperanza más. A seguir…