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Mi mujer en la playa nudista: el string transparente y el deseo prohibido

En el garaje de casa, julio abrasador. Decido llevar a Claudine a una playa nudista. Sin avisarle. Hace tiempo que se lo insinúo. Quiero verla desnuda entre otras mujeres. Ella duda. Dice que no está lista, que no es lo bastante guapa. Pero últimamente cede un poco. Hoy, sol radiante. Mer caliente. Perfecto.

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En la habitación, hurgo en sus cosas. Encuentro el string blanco y negro que le regalé hace años. Minúsculo. Nunca lo usó. Lo escondo en la mochila. Salimos. Sesenta kilómetros. Autopista rápida. Aparcamos en un parking arenoso. Cruzamos dunas por un sendero de hormigón. Dos mujeres desnudas pasan. Cuarenta años. Pubis lisos. Gafas de sol. Claudine me clava la mirada. Negra. Furiosa.

El despertar de la pasión

—¿Qué coño hacemos en una playa nudista? —susurra cuando se alejan.

—No pasa nada, amor. Nos ponemos apartados.

Boudeuse, me sigue. Clavo el parasol. Extiendo toallas. Roja y azul. Ella se pone un bañador entero. Rodillas bajo el mentón. Yo, en slip azul. Le muestro el string.

—¿Lo cambias por esto?

—¿Y si digo no?

—Eres libre… Pero me encantaría. Estamos lejos. Todos desnudos.

Mira alrededor. Algunos con ropa. Mujeres tetas al aire.

—No soy como ellas.

Se lo pongo en las manos. Me siento. Espera. Me mira mal.

—¡Eres pesado!

Se quita el bañador. Enfunda el string. Tetas libres. Curvas maduras. Perfecto. La admiro.

—Eres magnífica.

—Mientras esté medio en pelotas, todo bien.

—No. Eres preciosa de verdad.

Murmura gracias. Victoria. Propongo baño.

—O caminar por la orilla.

—¿Exhibirme?

—Pies en el agua. Vamos.

Duda. Tetas al aire. Culo también. Río.

—Tú también tienes pezones al aire.

Ríe. Caminamos. Sus tetas rebotan. Sexys. Otras mujeres corren. Pechos bamboleando. Miro de reojo. Gafas de sol salvan.

Hombre sale del mar. Polla grande. Claudine mira abajo. Se gira. Murmura.

—¿Qué dijiste?

—No te importa.

—Dime.

La pasión vivida sin límites

—Un culito bonito.

—¿Solo?

—Una polla de puta madre.

Me excita su crudeza. Caminamos. Pareja follando cerca. Ella besa verga semi-dura. Él acaricia culo. Claudine se sonroja. Se mete al agua. Brasea. Yo sigo. Agua tibia. Tetas brillantes al salir. Hombres miran. ¿Se da cuenta?

Volvemos. La miran todos. Hombres. Mujeres. String blanco… ¡Transparente! Labios marcados. Camel toe obsceno. La adelanto. Sonrío.

—Solo te admiro.

Sonríe. Mano en mano. Más baños. Más miradas. Sol baja.

En el coche. Cansados. Felices.

—Tenía una polla enorme. Y otros también.

—Tú me trajiste.

Bosteza. Piernas abiertas.

—Esa tía chupando… Me ronda la cabeza.

—¿Quieres hacer lo mismo?

Ríe. Luego:

—¿Por qué no dijiste lo del string transparente?

—Me dio miedo que te fueras.

—Desde el segundo baño. En playa nudista… No me disgustó que me miraran.

¡Progreso! Libido a tope. Fantaseo.

—¿Te gusta que te miren?

—Y a ti que te miren las tetas.

Silencio. Radio baja. Cruza piernas. Habla:

—Pasado mañana, volvemos. Sin string.

—¿Nuda?

—Totalmente. Tú también. ¡Cuidado con comparaciones!

Río nervioso. Erección garantizada. Ella se descojona. Secreto compartido. Transgresión viva. Pulsaciones aceleradas. Piel erizada por lo prohibido. Satisfacción pura. Oso más. Ella también. El garaje nos espera con promesas.

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