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Mi obsesión secreta: la traición ardiente con Alexia

En el centro comercial, ese jueves de mayo, mis ojos se clavan en la vitrina. La robe d’été me tienta, pero es ella quien me acelera el pulso. Alexia, brune élégante, alta, piernas interminables sin medias, escarpines negros. Me sonríe, thumbs up, gestos mudos que encienden chispas. Nuestros ojos se cruzan, fuego instantáneo. Soy Karine, 31 años, profe de inglés, con Bénédicte viviendo conmigo desde hace nueve meses. Pero esto… esto es distinto. Su número en la bolsa de la robe: Alexia. Mi coño palpita solo de pensarlo.

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Llamo al día siguiente, voz temblorosa. Voy a su piso. Nervios, culpa, excitación. Hablamos horas, familias homófobas, divorcios, soledad. Nos abrazamos, lágrimas, conexión profunda. No sexo aún, pero el beso al despedirnos quema. Semana tras semana, cafés robados, miradas en su boutique. Bénédicte nota algo, pero miento. El jueves, en la brasserie, piernas entrelazadas, confesamos amor. ‘Ven mañana’, dice. Mi corazón late como loco. Cambio de ropa dos veces al día, mentiras a Bénédicte. El interdit me moja.

El despertar de la pasión prohibida

Llego a su piso, piernas de gelatina. Puerta abierta, nos devoramos. Manos urgentes, ropa volando. Su boca en mi coño, lengua profunda, gimo sin control. Sesenta y nueve frenético, jugos mezclados, orgasmos simultáneos en minutos. Tribbing salvaje, clítoris rozando, ondulaciones brutales. ‘¡Me encanta!’, grito mientras ella se corre temblando sobre mí. Dedos expertos, besos voraces. Champán desnudas en la cama, risas, más rondas. Ducha masturbándonos, culotte rota. Regreso a casa, cambio ropa, follo con Bénédicte simulando, pensando en Alexia. Culpa punza, pero el placer del secreto me enciende más.

Semanas de doble vida. Jueves en su cama, sexo interminable: lenguas en anos, dedos profundos, orgasmos múltiples. Con Bénédicte, rutina fría, simulo goce. Angustia crece, pero no paro. Sábado, exploto: ‘Te quiero con otra’. Lágrimas, gritos, se va con sus cosas. Sus padres me insultan, cuelgo. Lloro, pero alivio. Alexia llega, champagne en París, manos en muslos en el coche, orgasmo en el ascensor. Ahora vive conmigo, paga mitad alquiler. Su saco de basura con ropa vieja de Bénédicte: lo tiro sonriendo. El placer de la traición, el riesgo asumido, me hace libre. Mi obsesión secreta se hizo real, intensa, mía.

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