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Sodomía Prohibida en la Cocina con Élodie

En la cocina de Élodie. Fui a verla el otro día. Bella morena. Carita linda con naricita de trompeta. Siempre le vi parecido a Sandra Bullock. Hace seis meses, después de su tercer embarazo tardío, superados los cuarenta, había engordado mucho. Bonita aún, pero rellenita. Me sorprendió su cambio. Había adelgazado un montón. Me recibió con falda corta azul de flores. Choc erótico inmediato. Pelo recogido atrás. Rostro afinado. Se movía natural en la cocina mientras charlábamos preparando la cena. Sus dos niñas de vacaciones. El peque dormía en la planta baja. Esperábamos a su marido para comer.

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Comimos en la terraza. Buen rato simple y divertido, como siempre en nuestra amistad. Su marido se fue al curro. Empezamos a recoger. Ella al fregadero. Yo al lado, con trapo, secando. Charlábamos. Pero yo pensaba en otra cosa. No podía evitar mirar sus nalgas ondulando la falda corta. Al volverse a la basura, se inclinaba. Muslos al aire. Casi vi su culotte. Me empalmé fuerte. Intentaba controlarme. Años de pura amistad. Pero ideas guarras me invadían. Difícil resistir.

El Despertar de la Pasión

La charla se apagaba. Nuestros brazos se rozaban. Sentí su incomodidad. Gestos lentos. Miradas cruzadas. Ojos más oscuros. Ambigüedad nacía. Se paró. Apoyó manos en el fregadero. Pensaba. No reprimí. Puse mano izquierda en su nalga derecha. Bombé el tejido. Esperé. Sin reacción. Miraba al frente. Boca entreabierta. Ojos duros. Acaricié fuerte. Palpé. Subí la nalga contra la otra. Sentí la culotte. Dedo en el elástico. Ella habló:

—¿Qué hacemos?

Voz grave. Pregunta clave.

—Tengo ganas de acariciarte el culo…

Honesto. Total. Ella cogió el bajo de la falda. Subió lento. Culotte algodón azul. Formas generosas desbordaban. Invitación clara. Me puse detrás. Manos en nalgas. Amasé firme. Carne abundante. No besos. Culpabilidad nos evitaba miradas. Solo sexo rápido. ¿Problemas en su pareja? No pregunté.

La Pasión Sin Límites y el Secreto Preservado

Me agaché. Cara cerca. Amasaba. Pulgares hacia su sexo. A través culotte, clapotis. Olor sutil. Mojaba mucho. Presioné tela en su monte. Imbuebla. Ella apartó el tejido. Labios gordos húmedos. Los apreté. Excitada más. ¿Necesario? Respiraba fuerte. Gemido al meter dos dedos. Ancho. Ruiseaba. Se arqueó. Caress profunda. Lista. Mi polla dolía en cuclillas.

Me levanté. Bajé cremallera. Liberé verga. Iba a penetrar. Me paró:

—No por ahí.

Sorpresa. Tomó aceite de la encimera. Destapó. Me dio. Claro. No París, pero tango. Contento. Vertí aceite. Unté polla. Ella falda y culotte arriba. Esperaba. Dedos lubricados en ano. Suave. Una, dos falanges. Listo rápido. Froté glande en ano. Ella abrió nalgas. Retrocedió. Se empaló. Controlaba. Me tragó hasta fondo. Increíble. Paramos. ¿Seguir? Obvio. Rápido. Polla tiesa. Moví dentro. Ella apretó esfínteres. Removió cadera. Ritmo perfecto. Manos bajo axilas. Agarré hombros. Firme. Intimidad brutal. Cuerpos uno.

Excitación insoportable. Pistoné lento. Luego fuerte. Hasta fondo. Como mantequilla. Ella gruñía. Mano en coño. Se pajeaba frenética. Yo como bestia. Agarrado. Ella explotó. Orgasmo violento. Yo solté todo. Secousses. Vacíe en su culo.

Quedamos idiotas al fregadero. Recuperados. Salí. Me subí pantalón. Ella sin mirar, al baño. Me lavé manos. Oí ducha. Esperé tenso. Volvió. Gênes. Miradas. Perdón mutuo. Frenesí bestial. Desliz total. Nunca más. No volví. Ni noticias. Pienso en ello. Ella seguro. ¿Por qué anal? Me obsesiona. Excita. ¿Contacto normal? Incógnita. Placer del osado. Secreto mío.

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