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El Beso Prohibido en las Alturas de Alikianos

Son las tres de la tarde en la iglesia de Santa Cruz. Sobre las alturas que dominan Chania, Alikianos duerme la siesta. Estoy en la terraza sombreada de mi casa alquilada en Creta hace dos años. Leo distraído ‘El Barco Fabuloso’ de Philip José Farmer, hallado en francés en un librero de Heraklion. Hace calor, pero la brisa del monte Volakias filtra entre olivos, templando el sol. El cielo azul se funde con el Mediterráneo. Debussy en ‘Arabesques’, tocado por Brigitte Engerer, me lleva lejos. Huele a cistus, romero, retsina fresco. Paraíso puro.

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‘¡Pero hija de puta, eres idiota!’ Bum. La frase explota pese a mis auriculares. De la casa vecina sale una bronca en francés. Un matrimonio rompe mi paz. Joder. Que se peleen en otro lado. Pero echo un ojo. A veinte metros, en una casita, una silueta femenina contra un pilar de la veranda. Delgada, pelo hasta hombros. El hombre, invisible adentro, voz ebria, agresiva, unos cincuenta.

El Detonante de la Pasión

‘Tu me jodes con tus piedras antiguas. No voy a tragar polvo bajo este sol. Si quieres, el bus está a cuatrocientos metros.’ Ella duda, agarra un bolso de lona, se pone un sombrero y sale dando portazo. ¿Oportunidad? Salgo de mi letargo. Sesenta años recién cumplidos, capitán jubilado, viudo. Hijas grandes. Forma física. ¿Por qué no la aventura? Cojo mi sombrero, mochila, voy al jardín. Mi viejo 2CV, Rosalie, duerme bajo olivo.

‘Vamos, preciosa, sé buena.’ Arranca al primer intento. Veinticuatro años, pero aquí una descapotable no necesita ser Porsche. Bajo la cuesta. La veo adelante, piernas bronceadas, cintura fina, hombros anchos. Nadadora, pienso. Pelo castaño claro escapa del sombrero, sobre vestido crudo. Freno a su lado. Se gira, ojos azules en rostro fino, moreno.

‘Bonjour, soy tu vecino. Bajo a Chania por compras. ¿Subes a mi carruaje? Rosalie acepta.’ Sonríe. ‘Gracias, el sol aprieta.’ Gana. Abro puerta, se sienta. ‘Soy Hélène, francesa, profe de música.’ ‘Hervé, bretón, capitán en vacaciones largas.’ Risa cálida. Frío en la espina. ‘Cálmate, viejo’, me digo.

La Entrega sin Límites y el Secreto Guardado

Bajo por calles estrechas. La miro de reojo. Cuarenta y cinco, cincuenta. Perfil delicado, labios, arrugas finas. Duveo rubio. Corazón late fuerte. ‘¿Planes?’ ‘No, mi marido no quería salir. Primera vez aquí. Me entrego a ti… para el paseo’, ríe. Joder. Bella, con humor. Control.

Chania desfila: olivos, montañas nevadas, golfo de Souda. Ciudad veneciana, romana, otomana. Hélène culta, me corrige historia. Reímos. En Cronos, pastelería, babea ante dulces, miel. Tutéamos natural. Terraza puerto, ouzo, kandaifis. Su mano pegajosa en la mía. ‘Gracias, feliz como en años.’ Tristeza en ojos. Sabe de la bronca.

‘Vine con Jérôme para salvarnos. Peor.’ ‘¿Hijos?’ ‘Hijo de treinta y cinco, violinista. No habla con él desde que me pegó.’ ‘¡Hijo de puta!’ ‘Agridulce, alcohólico.’ Oferta ayuda. ‘Parece que nos conocemos de siempre.’ ‘¿Otra vida?’ Rodilla contra muslo. Miradas. Emoción. ‘Loco esto.’ ‘No pares aquí.’

Regreso callado, fresco. Perfume intenso. Cabeza en mi hombro. Rosalie rueda suave. Bajo olivo, miradas. Beso breve. Labios queman. Se va al crepúsculo. Acecho desde sombra. ‘¡Dios, ahora llegas! ¿Dónde? ¿Comida?’ (Fin del 1º episodio)

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