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Confesión Anónima: El Placer Prohibido en el Bosque

En el bosque, cerca del coche, el aire fresco me erizaba la piel. Salí de la autopista atraído por esa fronda propicia para una escapada. Corine se bajó los pantalones rápido, su cuerpo marcado por dos hijos, pero firme del deporte acuático. Sus pechos cabían perfectos en mis manos, duros, llenos de deseo. Jugué con sus pezones, los pellizqué hasta que se endurecieron. Bajé la lengua por su ombligo, girando alrededor, hasta llegar a su sexo liso, virgen de pelos, claro y frágil.

La abrí con los dedos, penetré con la lengua suave. Su clítoris se puso tieso, palpitante. Volvía entre sus labios, los separaba, lamía sin parar. Noté bajadas de luz por nubes, pero seguí. Reposicioné entre sus muslos, y de pronto, sorpresa: un hombre de unos cincuenta nos miraba, sin gracia física, pero excitado. ¿Qué hacer? Seguí, deslicé la cabeza para que viera mi lengua en sus labios verticales. Abrí más su clítoris, lo expuse al máximo. Corine se abrió entera, chorreaba, mojaba el asiento.

El Despertar de la Pasión

La puse con una pierna sobre el respaldo, la otra doblada cerca de su triángulo. Estaba bébica, su vulva expuesta al desconocido. Mi dedo rozó su ano, mientras chupaba su vientre. Sus gritos profundos llenaron el bosque. La abrí más, sus espasmos crecían. Jugaba con su clítoris endurecido, succionaba delicado. Ella gozó fuerte, incontrolable, bajo esa mirada ajena.

El Acto sin Límites y el Secreto Guardado

Al volver en sí, vio al tipo. Fingí sorpresa, lo miré negro y se fue. Aquello me puso a mil. Me quité pantalón y slip de un tirón, mi polla tiesa, rasurada lisa. Su boca caliente me envolvió, suave como milagro. Chupaba como nunca, yo pedía eso años. Eyaculé retorciéndome, semen por mis muslos. Nos besamos con ese olor a felación fresca. Descubrimos placer oral, ella se liberó de prejuicios.

Nadie sabe esto. En casa, con niños cerca, fingimos normalidad. Pero revivo esa exhibición, el chute de lo prohibido. Su culo genial, pechos triplicados de deseo, mi verga dándose en su boca. El tipo vio todo, pero calló. Yo guardo el secreto, la satisfacción de osar. Transgredí, viví intenso, y aquí lo confieso anónimo. Mi obsesión: esa carne a vif, couilles chocando, todo crudo y real. Nadie sospecha este vicio mío.

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