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Delirio Andaluz – 3 – Despertar en su piel ardiente

En el dormitorio. Abro un ojo. Luego medio. Lo cierro todo. Incomodidad. Calor asfixiante. ¿Por qué siento que yago en un charco? Pff. Más de 35 grados aquí dentro. He perdido un litro de sudor. A ciegas, agarro la botella de agua. La termino. Tibia. Palpo las sábanas húmedas. Empapadas. Una mancha viscosa bajo mis nalgas me trae el sueño erótico. Eyaculé en él. Me desperté un instante. Miedo al desastre de sábanas sucias. Pero volví a dormir. Con el soldado apagado.

Creía que los sueños húmedos eran cosa de adolescentes. Debo ser uno eterno. Abro los ojos del todo. La chica duerme a mi izquierda. De espaldas. Desnuda. Dios, qué belleza. Más que en el sueño. Me giro sigiloso. Para verla mejor. ¡Qué culo! En el strip-tease no lo noté tan majestuoso. No es grande. Sin celulitis. Un culo de verdad. Piel satinada. Quiero tocarla.

El despertar de la pasión

Se mueve. Gime. ¿Duerme o sueña? Me incorporo con cuidado. Apoyo un codo. Las sábanas pegan a mi piel. Olvido el malestar. Solo veo el espectáculo. Laura, dormida, tiene la mano derecha en su sexo. Cubriéndolo como cuña. Su dedo se agita leve. Quiero ser hormiga en su mente. Espiar su sueño.

Me acerco más. Sin tocarla. Aún no. Quiero oler sus ondas de diosa. Mi nariz a tres centímetros. Perfume sutil. Jabón español ‘Heno de Pravia’. Cierro ojos. La imagino desnuda en la ducha. Jabón verde oscuro. Agua cayendo. Espuma blanca. Fragancia musgosa. Pelo mojado atrás. Agua tibia calmándola.

El calor amplifica olores. Huelo su culo. Su coño. Moja. Abundante. Silencio roto por roce imperceptible de su dedo en lo húmedo. Efecto inmediato. Mi polla en un torno. Dolorosa. Lista para estallar. Madera clavada en mí.

Demasiado cerca. Mi pelo, mano o verga me delatan. Su mano deja su cueva húmeda. En mi pelo. Pillado. En flagrante. Gira cabeza lento.

—¿Estás despierto?

—Sí. —Pongo mano suave en su nalga derecha—. ¿Te desperté?

—No, cabeceaba. ¿Hace cuánto?

—¿Qué crees? —Acaricio el satén de su culo.

Pausa. Mis manos avanzan. Ella acepta. Caressas llaman a más.

—Te miré al salir de la ducha. Sudabas como bestia. Cuerpo brillante. Polla imponente como ahora. Soñabas…

—¡Tu strip-tease fue brutal! Volé con tu tanga en mano. Su olor enloquecedor.

—¿Tanto? —Ríe.

—Sí. —Se gira. Mima—. Me gusta tu piropo. —Caresa mi curva.

—¿Calor no molesta?

—Ahora no. Huelo tu cuerpo. Mejor en este calor.

—¿No apesta? —Ironía.

—¡Jamás! —Beso breve en frente. Sus labios carnosos. TiemBlo.

—¡Piel de gallina!

—Verdad. —Toca mi pezón derecho.

La pasión vivida sin límites

—Mira, duro. ¡Como el otro! —Risas. Toco su pezón. Duro como flecha.

—¿Creés que nos gustaremos, Laura?

—Dime tu nombre primero.

—Simon. ¿No lo dije?

—No. —Agarra mi polla. Explora. Evalúa. Taquinea el sensible.

¡Qué dedos! ¡Clase!

—No soy chica normal.

—Tranquila. Yo soy anormal total.

—¿Norma pa’ ti?

—Gustos estándar. Moral estándar. Sexo estándar. Fantasías estándar. Interdits. Frustraciones. Pudor estándar. Yo no tanto…

—¿Y tú, pintor guapo? —Me pajea lento. Lascivo.

—Depende. Pienso en Dalí. El loco. Caminaba en cuerda floja. Un lado locura luminosa. Otro mundo real con barandilla. Vida entre wild y sage.

—¿Y tú?

—En la cuerda. Anteayer, negra increíble. Placer inmenso. Hoy, tu strip. Mejor momento. Ahora, dedo en tu coño húmedo. Quiero penetrarte. En ascensor, pie en Javier. Lo deseaba más que a ti. Eso es mi vida. Alta. Caí mucho joven. Dolí. Pero subo. Funambulista eterno.

Silencio. Su mano va y viene. Mi dedo caricia.

—¿Algo chulo antes?

—Claro.

—En ascensor, mi pie en el otro de Javier…

Risas. Laura se levanta.

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