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Duchas compartidas: el fuego prohibido en el gimnasio

En el vestuario de la sala de deportes, el sudor me pegaba la ropa al cuerpo. Entré jadeante, tarde como siempre. Allí estaba ella, Christine, de espaldas, luchando con su pantalón. El tejido cayó. Dos nalgas firmes, redondas, se ofrecieron sin pudor. Tosí. Se giró. Su vello púbico negro y espeso me golpeó primero. Luego su sonrisa.

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Me acerqué. Nos besamos en las mejillas, pero sus tetas desnudas chocaron contra mi sujetador. Corazón acelerado. El curso empezó. Sudamos juntas. Al acabar, propuso ducha. ‘Comparte mi toalla’, dijo quitándose todo. Sus pezones oscuros, gruesos, erectos. Mi coño se humedeció.

El despertar de la pasión

Acepté el reto. Me desnudé. Mis tetas pesadas cayeron libres. Ella rio: ‘Hacemos buena pareja’. Nos metimos en las duchas. Agua hirviendo al principio. Salté contra su cuerpo suave. Sus manos en mi piel. ‘Qué culos tan suaves’, murmuró. Reímos para no besarnos.

Nos frotamos. Agua escasa, nos apretamos en un box. Manos relanzando el chorro. Pubis rozando culos. Gotas de placer se mezclaron con el agua. Sonrisas culpables. Hablamos de hijas, maridos pasados. Normalidad que ocultaba el fuego.

‘Savón’, pedí. Ella trajo espuma. Manos en mi mineta, en mi raja. Risas de niñas. Luego, cuencos de agua para enjuagar. Sus tetas pigeonadas contra mis brazos. Mi vello plano mostraba labios hinchados. ‘Son monísimos’, dijo. Ella, proeminente bajo su mata negra.

Nos inclinamos. Culos abiertos al chorro. Anus rosados, vulvas charnuas expuestas. Sensación eléctrica. Dedos guiando agua en zonas secretas. Temblores.

La entrega sin límites

Comparamos tetones. Los suyos largos, oscuros. Los míos gordos, rosados. Pizcas. Vibraciones. Dedos rozando pezones ajenos. Frísones. Puerta abierta. Alice, la monitora, entró.

El clímax prohibido explotó. Nos secamos. Alice tropezó. La sujetamos desnudas. Su cuerpo perfecto, depilado en triángulo. Nos reímos. Compartimos toallas en ingles, perineos. Gestos indecentes, risas compartidas.

Vestuario lleno de chicas. Alice trajo nuestras cosas. Sin bragas, culos al aire bajo pantalones. ‘Te las lavo’, dijo Christine con guiño. Salimos. Aire fresco en coños desnudos.

En casa, recuerdos me abrasaron. Manos en mi clítoris. Agua caliente imaginaria. Dedos profundos. Gemí. Orgasmo brutal. Secreto guardado. Placer de haber osado. Nadie sabe. Solo aquí, anónimo, lo confieso. Adicción al tabú. Esperando la próxima ducha.

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