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La felación prohibida que mi marido no conoce

En el dormitorio de la casita alquilada, la lluvia azotaba las ventanas. Mathias entró, polla tiesa bajo los pantalones. Yo, desnuda, con venda en los ojos, esperaba. El corazón me latía fuerte. Juda nos había dejado solos, pretextando compras. Sabía que no tardaría, pero el riesgo me mojaba más.

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Sus labios rozaron mis tetas. Mordisqueó pezones duros. Grité bajito. Mi mano buscó su camisa, botones uno a uno. Ceñidor suelto, bragueta abajo. Toqué su verga, gruesa, recta, palpitante. La saqué. La embocé de golpe. Fresca mi boca, lengua enrollando glande. Saboreé venas hinchadas. Jugaba, de mejilla a mejilla.

El despertar de la pasión

Manos en sus huevos rasurados. Los masajeé, lamí uno, luego otro. Entró Juda un instante, sonrió, se desnudó. Su polla corta y gorda en mi boca después. Quité la venda. Ojos en Mathias, desafiantes. Chupé a Juda hasta la garganta. Él se corrió en mi vientre, Mathias en mis tetas. Caliente, pegajoso, olor fuerte. Los mezclé con dedos.

Juda salió. Motor arrancó. “Si estás listo, yo también”, dije. Abrí piernas en la cama. Vulva abierta aún de su primera embestida. Lengua suya en mi clítoris. Explosé rápido, arco en espalda. “Despacio, hazme esperar”. Lamía coño, dardos profundos. Volví a correrme, grito ahogado.

Rebandó. Quise más. “Fóllame la boca, por favor”. Ojos perdidos, implorante. Posición en almohada. Me la metió hasta fondo. Vaivenes salvajes, sin freno. Mano en sus nalgas, dedo índice entró seco en su culo. Se tensó, gemido gutural. Salió, apuntó tetas. Giclées furiosas, blancas, calientes. Las apreté, vasija de semen. Dejé secar en vientre. “Mañana ducho. Juda ama este olor. Te pondrá duro”.

La pasión sin límites

Sin bragas, falda negra, medias. Bajamos. Él compró, nosotros solos. Placer prohibido. Boca llena, culo penetrado con dedo, corrida en piel. Transgresión pura. Nadie sabe este detalle. Mi secreto.

Volvió Juda. Manos bajo falda, coño húmedo de verdad. Comí con ellos. Luego, en cocina, follada de pie. Relayos, pollas alternas. Él en mí, Mathias en culo. Cornudo feliz, ignora lo de arriba. Reposo íntimo arriba, ojos en ojos, palabras sucias. Pero callé lo mío. Frustración ajena me excita más.

Ahora, leo su relato. Duda en él. ¿Verdad o fantasía? Mi pulso acelera. Secreto guardado, piel marcada invisible. Osadía satisfecha. Vuelvo a masturbarme recordando. Espera respuesta, Mathias. O mejor, voz viva, a tres. Placer intacto, prohibido, mío.

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