Estábamos en una cabaña de madera, la más aislada del bosque. A kilómetros de la ciudad en caos. Yo, Gufti, vigilaba a Juliette y Éloïse. Atadas. Sus cuerpos perfectos retorcidos de deseo. Sus pechos subían y bajaban. Sudor perlando pieles suaves.
—Gufti, ¡quiero sexo! No aguanto más… —gimió Éloïse. Sus caderas se movían. Friccionando cuerdas contra su coño húmedo.
El Despertar de la Pasión Prohibida
Juliette susurró: —Mira mis tetas, Gufti. Tócalas. Fóllame.
Mi polla se endureció al instante. Sabía el riesgo. Cada orgasmo las desintegraba. Granos de luz volando al éter. Pero sus ojos suplicantes. Labios entreabiertos. El olor a excitación llenaba el aire. Fumé un cigarro fuera. El fuego crepitaba. El cielo aún tronaba.
Ellas amenazaron: —Si no nos follas, nos desintegramos nosotras.
Entré. Éloïse dormía. Inerte. Humana por primera vez. Juliette insistía: —Siente mi coño apretado alrededor de tu polla.
Raoul regresó. Bajo la lluvia torrencial. Miramos el cielo. Relámpagos normales ahora. Orage de verano. Él dejó comida, dinero. Se fue en bici. Solo.
Al amanecer, sol radiante. Ellas gritaban. —¡Détachez-nous! Tengo hambre… y ganas de follar.
Les di madeleines. Agua. Juliette se atragantó. Tosió. Se desintegró en remolinos luminosos. Madeleines aplastadas en el suelo. Mi corazón latió fuerte. Pero se reformó. Nuda. Sonriente. Éloïse igual. Libre.
Juliette saltó sobre mí. Besos salvajes. Lenguas enredadas. Manos en mi polla. Éloïse se frotó contra mi muslo. Carne caliente. Jugos resbalando.
En segundos, yacía boca arriba. Éloïse cabalgándome. Su coño tragando mi polla entera. Golpes profundos. Juliette en mi cara. Su clítoris hinchado en mi boca. Lamí. Chupé. Gemidos ahogados. Sus cuerpos temblando. Sudor mezclado. Olor a sexo puro.
El Acto Sin Límites ni Remordimientos
Orgasmos uno tras otro. Tres ya. Ellas en sesenta y nueve. Lenguas devorando coños. Yo las miré. Duros pezones. Culos en alto. Nada las destruía ahora.
La radio no funcionaba. Electricidad muerta aún. Caminamos a mi casa. Desnudas ellas. Yo cargando bolsas. Gente huyendo: —¡Hay más!
Cambié sus formas. Caballos negros. Monté. Galopamos. Niños en un pueblo: —¿Guardaste tu polla grande?
Éloïse se desintegró. Hennendo. Cayó humana. Nuda. Me miró reprochadora. Reí. La subí adelante. Galope inestable. Su culo rozando mi polla.
En casa. Policías idos. Entramos. Follaron en el sofá. Yo preparé maletas. Comida. Dinero de Raoul.
—Vamos, chicas.
—Aún unas folladas… —suplicó Éloïse.
Me uní. Polla en Juliette. Dedos en Éloïse. Gemidos. Fluidos. Placer visceral.
Fuera, jardín soleado. Pájaros cantando. Las syntonicé en águilas reales. Negras. Majestuosas. Até bolsas. Monté una. Alas batieron.
Volamos. Viento en cara. Pueblo abajo. Campos verdes. Libre. Con mis diosas. Sexo eterno. Secreto mío. Transgresión total. Nadie juzga aquí.