En la casa de Renée y René. Cada Nochebuena. Con otro matrimonio. El aire huele a canela y pecado. René farciona su ‘pavo’ frente a nosotros. Lo mete y lo saca. Despacio. Lo hace hincharse. Caliente. Jugoso. El corazón me late fuerte. Miro. No puedo apartar la vista. Mi coño palpita. René gime bajito. Lo prueba primero. Lo chupa. Todos lo devoramos con los ojos. Luego con la boca. Carne tierna. Salsa espesa. Me mojo entre las piernas. La transgresión me excita. Navidad. Familia. Pero aquí. Todo es posible.
Llega el momento de los trece postres. Empezamos con la pompe. Grande. Grasa. Dulce. La muerdo. Suave por fuera. Dura dentro. Chupo el azúcar. Pienso en pollas. En succionar. René me mira. Sonríe. Paso la pompe. Mi marido la agarra. La lame. Renée gime. Todos nos regalamos. Higos. Negros. Carnosos. Los abro con los dedos. Jugo dulce. Como coños abiertos. Doy uno a René. Él me da un dátil. Largo. Prieto. Lo chupo entero. Abricots. Suaves. Húmedos. Nougat duro. Blanco. Negro. Lo rompo con los dientes. Mastico lento. Melón. Fresco. Jugoso. Lo lameo. Todos probamos todo. Manos rozan muslos. Bajo la mesa. Pies se enredan. El calor sube. Sudor. Deseo. Minuit se acerca. El reloj late como mi clítoris.
El despertar de la pasión
Suena la medianoche. René, el amo de casa, coloca su Jesús en la cuna de Renée. Lo mete despacio. Profundo. Ella jadea. Arquea la espalda. Mi marido y el otro hombre avivan el fuego. Sacan sus troncos cremosos. Los ponen en nuestras chimeneas. Mi coño recibe el mío. Caliente. Duro. Late. Empujo. Él gime. Bombeamos. Fuerte. Rápido. Crema sale. Blanca. Espesa. Llena todo. Grito bajito. Orgasmo me sacude. Ojos cerrados. Sudor frío. Todos acabamos. Jadeos. Risas nerviosas. Somos niños grandes. Navidad es nuestra fiesta.
Después. Silencio. Limpiamos. Besos castos. Nadie dice nada. El secreto queda. En mí. Quema. Dulce. Cada año. Vuelvo. Por esto. La dinde jugosa. La pompe grasienta. Los higos abiertos. El Jesús en la cuna. Las bûches cremosas. Mi placer oculto. Transgreso la norma. Frente a todos. Nadie sospecha. Soy la vecina normal. Esposa perfecta. Pero aquí. Soy Anónimo. Vivo lo intenso. El pulso acelerado. El coño empapado. La culpa dulce. Nadie lo sabe. Solo yo. Y este ardor que no se apaga. Satisfacción total. He osado. Y volveré.