Al borde del río, en un rincón solitario bajo el puente de ferrocarril. Lejos de coches y multitudes. Solo el agua murmurando y los pájaros. Amo la naturaleza desde niño, en la granja de mis padres. Corría por campos, cuidaba animales, pescaba en arroyos. Ahora, con treinta y tantos, en una ciudad provinciana, sigo mi pasión. Llego al alba, pesco hasta las 10:30. Lugares discretos. A veces, cruzo con joggers o ciclistas.
Mido 1,78 m, 70 kg, ojos castaños, barba de cuatro días. Aspecto aventurero, dice mi amiga, fan de Indiana Jones. Soy normal. Pero aquí, soy Anónimo. Mi placer secreto: la transgresión. Observar lo prohibido. Aquel verano, todo cambió.
El despertar de la pasión: el encuentro inicial
A las 7:30, una jogger me adelanta. La vi venir de lejos, por los meandros del río. Silueta atlética, castaña clara, treinta años. Mejillas rojas de esfuerzo. Short ajustado, sostén deportivo apretando pechos firmes. La saludo. Ella se gira, sonrisa radiante. Corre de espaldas, saluda con energía. Me contagia su vitalidad. Sonrío solo. Día perfecto.
Sigo pescando, escucho pájaros. Una hora después, bajo el puente. Ella está ahí, en la otra orilla, recuperando. Me acerco en silencio. Corazón late fuerte. Se apoya en la pila de granito. Vigila el camino. Baja el short un poco. Mano derecha gira sobre su bajo vientre. Respira hondo, pechos suben y bajan.
Mira alrededor. Baja short y braga a medio muslo. Toison castaña clara. Dedos delicados la acarician. Va y viene por su intimidad abierta. Se humedece. Mano izquierda bajo el top, estimula pechos. Introduce un dedo, luego dos, en su sexo empapado. Ondula caderas. Primero suave, luego rápido. Olvida vigilar. Se muerde labios. Espasmo la endurece. Jadea, pantelante contra la piedra rugosa.
El acto sin límites y el secreto compartido
No me muevo. Teme verme. Pero se arregla tranquila. Gira cabeza. Me mira fijo a los ojos. Guiño: «¿Te gustó?». Quedo idiota. Ella ríe fuerte. Camina despacio. Balbuceo: «Sí, mucho. Hasta pronto». Para, duda. «Vale», murmura. Sigue.
Quedo clavado bajo el puente. Mente en blanco. Me vio todo el tiempo. Sabía que observaba desde la otra orilla. Belleza sutil: rasgos finos, cuerpo perfecto. Curvas que enloquecen. Excitation me invade. Semana entera rumiando. ¿Volverá? Su descaro me estremece. Polla dura al recordarlo. Pesca secundaria. Fantasías me consumen.
Semana siguiente, nada. Solo pesca con arrepentimientos. ¿Impulso fugaz? ¿Cambio de ruta? Dos semanas después, reaparece. Casi igual. Osadía compartida. Placer del secreto. Transgresión viva. Osé mirar. Ella osó mostrar. Adrenalina pura. Interdit que une. Satisfacción de haber visto lo íntimo. Mi obsesión crece. ¿Y la próxima?