Son las 20 h en mi apartamento. Miro el reloj. No llega tarde. Abro el cajón de la cómoda. Saco un pañuelo. Camino lento a la puerta. La abro sin quitar la cadena. Se lo tiendo.
—Póntelo en los ojos.
El Despertar de la Pasión
Mi orden es imperiosa. Él sabe las reglas. Las acepta. Abro del todo. Lo escaneo de pies a cabeza. Verifico que no vea nada. Lo tomo de la mano. Lo hago entrar.
—Desnúdate. ¡Todo!
El tono no admite réplica. Se ejecuta. Lento. Seguro. Me pongo los guantes. Ni su piel tocará la mía. Empiezo la inspección. Minuciosa. Bajo por sus pectorales. Su vientre. Su sexo ya tenso. Lo aprieto fuerte en la base. Con la otra mano, presiono sus huevos. Al límite del dolor.
—No te di permiso para empalmarte. Te pondrás duro cuando yo diga. Si te pillo otra vez, te lo quito. ¡Créeme!
Retiro las manos. Le ordeno girarse.
—¡A cuatro patas como perro!
Obedece. Me inclino. Separo sus nalgas. Inspecciono su raja. Introduzco un dedo. Curioso. Intrusivo.
—Muy bien. Limpio y estrecho. Aunque no por mucho tiempo… Te explico la noche: cenaremos juntos. Yo como. Tú bajo la mesa. A cuatro patas como buen perrito. Pero no inactivo. ¡Ven!
Lo tiro de la correa que le ato al cuello.
Me siento. La mesa lista. Champagne en hielo. Me sirvo un vaso. Áperitivo.
—¡Salud!
Bajo la mesa, él espera. Acurrucado. Abro las piernas de par en par.
—Acércate y lame. No la lavé para ti. Límpiala con tu lengua.
Se acerca. Su lengua en mi tela húmeda. Primeras secreciones.
—Bien. No pares.
Como distraída. Mi bajo vientre arde. Sientes los primeros espasmos en mis entrañas. Otro vaso de champagne. Antes de la entrada. Placer de comer así. Servida. Su lengua en mis muslos altos. Busca mi botón hinchado.
No aguanto. Me levanto. Voy a la cocina por el plato principal. Mi mano va sola a mi entrepierna empapada. Quito el tanga. Vuelvo. Plato en una mano. Tanga en la otra.
Miro bajo la mesa.
—¡Te advertí! ¡Sigues duro! ¡Esta vez es demasiado! Como tanto quieres empalmarte, te doy ocasión.
Voy al cajón. Saco un cordón grueso. Agarro sus huevos. Nudo apretado en la base. Con el resto, otro en la base de su polla.
—Así sabrás por qué estás duro.
Vuelvo a la silla. Plato principal. Abro piernas. Avanzo el culo.
—Lame. ¡Y no olvides mi anito arrugado!
La Pasión Vivida sin Límites
Vuelve a su tarea. Lengua de mi ano palpitante a mi botón. Largo escalofrío. Orgasmo cerca. Me dejo ir. Primer de una larga serie. Me arrasa. Pierdo control. Mi sexo suelta gotas calientes de pis. Él retrocede. Agarro su cabeza por el pelo.
—¡No! Si eres mi siervo, mi esclavo, ¡aceptas todo de mí!
Plaqueo su cara en mi entrepierna. Olores de mi placer suben. Otro champagne. Para no naufragar pronto.
Él lame de nuevo. Suelto su pelo. Paso al postre. Con deleite. El placer afloja. Recupero control.
Termino. Me levanto.
—¡No te muevas!
Me dirijo al cajón. Saco cuatro pinzas. Lo hago acostar boca arriba. Dos en sus pezones duros. Pino más de la cuenta. Venganza por mis tetas maltratadas. Él hace mueca.
—Esto es el principio.
A su órgano hinchado. Violáceo. Agarro huevos. Fijo dos pinzas en cada uno.
—A cuatro patas…
Obedece. Pinzas balancean. Quemazón dulce. Lo tiro de la correa a mi dormitorio. Cama lista. Cuerdas preparadas. Lo acuesto boca arriba. Aún en correa. Atajo muñecas a la cabecera. Tobillos a los pies. Su sexo rocoso. Sé que disfrutaré. Todo el tiempo que quiera. Idea: dos cojines bajo sus riñones. Piernas abiertas. Su culito ofrecido. Agarro mi godemichón grande. Lo froto en mi coño chorreante.
—Chupa, puta. Mójalo bien. Adivina dónde va. ¡Bien! ¿Buen sabor, eh?
Se lo hundo en la garganta. Venganza por pollas hasta la glotis. Lo saco. Hilo de saliva. Deslizo por su cuerpo. Evito su polla. Sobrevuelo huevos atados. Valle de nalgas. Músculos tensos. Giro pinza en pezón. Se relaja. Empujo punta contra ano. Entra lento. Millímetro a millímetro. Un tercio de 20 cm dentro. Suspira. Acelero. Démencia. Lo clavo profundo.
—¿Te gusta, putita? ¿Qué tal te sientes reventado como hembra en celo? ¡Eres mi puta! Te follo hasta el tuétano.
Me asombra mi vulgaridad. Lo hundo todo. Lo dejo. Enciendo. Vibraciones recorren su cuerpo. Mano en su polla. Vibra igual.
No aguanto. Lo monto. Me acuclillo sobre su verga. Froto clítoris con su punta. Tiempo de sobra. Cordón impide corrérsele.
Glande en mis labios carnosos. Caigo. Me invade. Subo. Bajo. Ritmo mío. Calmo. Frenético. Orgasmo sube. Acelero. Azotes de culo en pubis. Vibraciones del god en mi pelvis. Olvido al de abajo. Orgasmo devastador. Grito primal.
Caigo sobre él. Pero sin piedad. Quiero más. Me adelanto a su boca. Abro nalgas. Acuclillo.
—Lame mi culito. ¡Mete lengua!
Hace lo que puede. Aliento caliente. Lengua en raja. Penetra roseta. Delicioso. Pero paro.
Me retiro. Agarro su verga vibrante. Me bajo. Hesito en su glande en mi ano. Bajo lento. Carnes se abren. Me penetra. Adapto. Luego vaivén rápido. Placer borra dolor. Cerca del pico. Idea perversa. Me retiro. Succión. Empalo coño en su sexo. Desato nudos. Quiero su leche. Contraigo. Aspiro. Se corre a chorros. Lo hundo. No pierdo nada. Me retiro apretando. A su cara.
—¡Abre boca!
Pego coño pegajoso. Me vacío en él. Bebe. Obediencia total.
Termino. Lo desato. Limpio. Él se va. Yo sola. Cuerpo saciado. Mente en calma. Nadie sabe. Mi secreto intacto. Transgredí. Viví el intensísimo. Placer prohibido. Mañana, normalidad. Aquí, soy Anónima. Libre. Satisfecha. Osé. Y repetiré.