En la boutique, a punto de cerrar. Él llega tarde. D., 24 años, alto, músico. Rostro dulce, pelo revuelto. Me mira. Siento su hambre. Caminamos por calles oscuras hasta su apartamento antiguo. Subimos escaleras de piedra. Corazón acelerado. ¿Qué hago aquí?
Me avisa: soy un plato para saborear, no devorar. Él asiente. Interior con gusto: sofás de cuero negro, música en la tele. Rosé fresco. Compartimos tracks: Archive, Woodkid. Alcohol afloja. Rodilla contra su muslo. Su dedo roza mi piel. Chispa eléctrica. Me excita lo sutil.
El despertar de la pasión: el detonante inesperado
Baño. Vaso lleno, sexo húmedo. Quiero sus manos. Vuelvo, ebria. Me besa feroz. Lenguas jugosas, profundas. Manos en cuádriceps, subiendo. Descubre mis ligas. Dedo en mi raja empapada. Gimo. Clítoris hinchado. Otro dedo en mi ano. Doble penetración digital. Me rindo. Fuego total.
En su dormitorio. Colchón en el suelo. Me desnudo: lencería negra, curvas marcadas. Él, desnudo. Polla tiesa, gruesa. La agarro. Calor, peso. Lamida tímida al glande. Chupo. Testículos pesados. Lengua en la base. Gime. Me mojo más.
El acto sin límites: placer visceral y prohibido
Su turno. Boca en mi coño peludo. Lengua experta en clítoris. Dedos dentro, uno en culo. Empujo su cabeza. Grito placer. Sabor mío en su beso. Condón. Me penetra lento. Ritmo crece. Piernas en hombros. Pistonea duro.
Montada. Senos en su boca. Mordisquea pezones. Subo-bajo. Vagina lo aprieta. Levrette. Nalgas al aire. Entra anal. Dolor-placer. Me masturbo clítoris. Él eyacula fuerte. Colapso.
Abrazo tierno. Post-sexo dulce. Secreto guardado. Osares repetidos en chats calientes. Libre al fin.