En la taberna de Nantes, el aire huele a cerveza rancia y sudor de marineros. Tres meses en el Atlántico me han endurecido, pero sigo siendo el chaval tímido de 19 años, dos metros de puro músculo virgen. Mis compañeros me arrastran allí. ‘¡Vamos a desvirgarte, Loïc!’, grita Bastien. Rojo hasta las orejas, sigo. La sala bulle. Mujeres rientes se acercan. Babette me mira, luego sube a buscar a Marie.
Marie baja. Pelo negro largo, piel mate, ojos azules como el mar en calma. Me domina con la mirada. ‘¿Tú eres el grandullón?’, dice. Su voz clara corta la tensión. Bastien casi apuñala a un borracho por insultarla. Ella me toma de la mano. Subimos. Mi corazón late fuerte. Transgresión pura: un pueblerino en burdel, ante una puta legendaria que nunca goza.
El Despertar de la Pasión
En la habitación, se desnuda. Sus tetas pesadas me hipnotizan. ‘Quítate la ropa, nigaud’, ordena. Obedezco. Mi polla, gruesa como un brazo, la impresiona. ‘¡Santo Dios!’, jura. No bandea aún. Toco sus pechos. Suave, cálida. Sus manos me envuelven. Diez dedos apenas caben. Me masturba lento. Se hincha, dura como madera. Intenta chupar el glande. Imposible. ‘Entra despacio, o me matas’, dice a cuatro patas.
La Pasión Sin Límites
Empujo. Eyaculo a medias fuera. Semen lubrica. No me ablando. La penetro más. Maladroite, pero su coño se estira. Llego al fondo. Picotazos en su vientre. Eyaculo otra vez, chorros calientes la inundan. Sigue bombeando. Ella gime. Olas de placer la barren. Grita, se retuerce. Orgasmos la fustigan. La levanto como un feto. Su coño rebosa leche. Me corro profundo, la dejo inconsciente.
Despierto. ‘¿Estás bien?’, pregunto. ‘Sí… Gracias’, jadea. Abajo, con Bastien, devoro carne. Ella baja, rechaza el dinero. ‘Me has hecho gozar por fin. Lleva a mis hermanas Lison y Suzon el mismo placer’. Bastien planea el viaje a Burdeos. Nadie sabe mi secreto. Ese goce prohibido, esa polla monstruosa que rompe tabúes. Sociedad juzga, pero aquí, anónimo, revivo el éxtasis. Osa, y el placer oculto te consume.