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Mi Noche de Sumisión Total: Semen, Ataduras y Anal Prohibido

En la habitación del hotel, el reloj marcaba las tres y media de la mañana. Estaba muerta de cansancio. Cubierta de semen. Pelo pegado a la derecha. En el cuello, en la guêpière, en los hombros. Algunos chorros habían goteado al sábana. Me había revolcado en eso mientras dormía. Olía a semen frío. Michel untó más en mi cuerpo con lo que quedaba en la sábana. Me puso la mano en su polla para pajearlo. Estaba durísima. Su mirada igual. Forcé una sonrisa. Empezó a lamerme el coño. Me preguntaba cómo podía, con tanta glaira repugnante. Pero le encantaba.

Temía que me metiera la suya en la boca. Sabor a glaira y semen frío. Pero se puso en 69. Había tenido la delicadeza de lavarse. Sabor a jabón que picaba un poco. Mejor que semen rancio. Vi de reojo una cuerda de su bolsa.

El Despertar de la Pasión Prohibida

El 69 no me hizo mucho. En esa postura, no acaricia bien la zona sensible. Nunca me ha puesto. Me ató las manos a la espalda con la cuerda. A cuatro patas. Se colocó detrás. Me penetró. Me folló así, acariciándome el clítoris. Primera vez en esa posición. Deliciosa. Tuve que confesar que me habían atado antes, no con David. A los 19, embarazada, tras el primer plantón de David. Un bombero vino por la noche. Llamé a bomberos por una rata, en realidad por spleen. Mi abuela se fue dos días a un entierro.

Corrí rápido. Durante el orgasmo, metió un dedo en mi culo. Muy bueno. Pero se torció:

—¿Cuántas veces me has puesto los cuernos desde que me conoces?

—Ninguna.

—Mentirosa. Hablé con tu hija. David la trajo hace quince días. La acostaron y salieron a pasear. Raro para ex con ruptura dramática. ¿Me tomas por gilipollas?

Sidérica en pleno clímax. Era verdad. Tres años desde que David me dejó. Me follaba a menudo. Pensaba reconquistarlo. Mi abuela preguntaba por qué no volvía con él. Él no quería. Folladas rápidas: coche, cocina, hasta en casa de su nueva un viernes con la niña. Hace quince días, en el parque, me forzó. Le dije que tenía a alguien. “Otro mal follón que te haré olvidar”. No resistí. Lunes, pensé en él corriéndome con Michel.

Tuve que confesar todo (salvo pensar en David con Michel). Dijo que eligiera castigo. Si pagaba la humillación del cornudo, seguiríamos. Sino, adiós puta. Lo decía follándome y metiéndome dedos en el culo. Propuse sodomía. “No soy sádico, pero mereces dolor en el culo por cornudo”.

Primero de pie, me folló la boca.

—¡Puta! Mujer que engaña solo sirve para polla en boca.

Duró. Casi vomito. Manos atadas, iba a fondo en garganta. Me desató, ató manos al cama con cuerdas. Bocado y venda. “¿Consentís? ¿Mereces castigo?”. Asentí. Me folló en levrette por coño, masturbándome clítoris. Placer otra vez. Usó mi jugo para lubricar culo. Dedos dilatando. Excitante. Al borde del orgasmo, cambió agujero. Dulce, lubricando. Dolor leve, pero plenitud. Más tarde conté a marido tres anales: uno doloroso, dos placenteros.

Bien dentro, dedos en punto G y clítoris. Mojaba como loca. Usaba mi coño para lubricar polla en culo. Primera vez corrí del culo. Bueno, con todo: anal suma, pero coño y clítoris clave. Orgasmo violento. Antes dijo: “Corre pensando en David, que nunca supo”.

El Acto Sin Límites y el Secreto Guardado

Se retiró sin correrse. Me desató, quitó venda y bocado. Me mimó. ¿Dolió? No. ¿Placer? Mucho. “Deuda no pagada”. Frío en espalda. Nos achuchamos. Dormimos a las cuatro y media.

Desperté a las diez y media. Dolor cabeza. Reflexioné mientras dormía. Bueno: me solté en sumisión sexual. Placer inimaginable, pese feminismo de infancia. Dolor ano recordaba corrida anal. No sádico, suerte.

Mal: solo sexo, no amor. Punto sin retorno: su juguete sexual. Usó frase que yo dije al inicio: “No soy juguete sexual”. Humillaciones, lágrimas sin consolar.

Despertó. Devolvimos habitación. Lavado: pelo y rejilla pegados a semen. Volvimos a casa abuela a las cuatro. “Mañana”. Aliviada, noche para recuperarme.

Jueves normal. Ninguna sumisión. Me lamió, penetró, corrí fuerte, oreja en almohada. Eyaculó dentro. Guardé semen toda noche, como exigía. Goteaba muslos o sábana. Segunda ronda. Dormir medianoche.

Lunes y resto semana normal. Dominante: posiciones detrás, mano sujetando, otra en sensibles, embestidas feroces. Jueves pidió reservar en ocho días.

—Tu niña con David. Libre total.

Sorpresa: nunca fines semana. Post-sexo, plan: noche con él y amigo. “¡Cerdo, ni para tu orgía!”. “¿Yo cerdo? ¿Tú no me pusiste cuernos? ¡Puta!”. Mal. Explicó no sádicos. Fantasía, pagar deuda. O con David: “Le muestro que corres mejor conmigo. Vergüenza, no te tocará”.

Sabía no ama rechazos. Siempre cedía. Folle de él. “Te gustará”. Negocié: solo él. Recordó cuernos. Pregunté experiencia. Contó: tríos con dama 45 años y barón, orgía. Prefiere tríos: mujer satisface varios.

Pedí reflexionar. “Sumisa obedece o no es sumisa”. Claro: sí o adiós. Diez días normal, enamorada, recordé punto retorno. Me folló. Al borde: “¿Sí?”. No dije. Se retiró: “Pásate de placer”. Lágrimas, supliqué. Prometí todo. “¿Incluso trío?”. Sí. Me hizo correr con manos, negó polla castigo.

Cédé otra vez. Soy débil. Secreto mío: placer en obediencia prohibida. Nadie sospecha.

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