En el dormitorio de mi casa de infancia, el aire huele a cerrado y a recuerdos. Ella entra un domingo, ojos llorosos por mi manuscrito. ‘Me has tocado las tripas’, dice, tutéandome por primera vez. Su voz tiembla, acento británico que me eriza la piel. Se acerca, me besa la mejilla, y de pronto se desnuda. Sus tetas grandes, firmes, no caen ni un milímetro. Para su cuerpo menudo de cincuenta kilos, parecen enormes. Culito redondo, carnoso, invitador. Me dejo desnudar. Mi piel curtida por mar y sol revela músculos de coloso. Pero cuando baja mi slip, jadea: ‘¡Wow! ¡Es un menhir!’ Mi polla, gruesa, tiesa, late como un tronco antiguo. El contraste nos enciende. Yo, el gigante de 196 cm y 100 kg de puro músculo. Ella, porcelana frágil. La transgresión me quema: un viejo lobo de mar con esta niñita inglesa en mi cama natal. Nadie lo sabe. Nadie debe saberlo.
Sus manos pequeñas luchan por abarcarme. Boca húmeda, lengua obstinada. Chupa, lame, gime. Yo sudo, contengo el rugido. La tumbo suave, miedo a romperla. Dedos en su coñito mojado, resbaladizo. Grita bajito, arquea la espalda. La penetro lento. Su carne aprieta, virginal en su estrechez. Avanzo centímetro a centímetro. Ella clava uñas, sube a los cielos. ‘¡Más!’, suplica. Empujo fuerte. Sus tetas rebotan, pezones duros como guijarros. La follo sin piedad. Cuatro, cinco orgasmos la sacuden, trepando cortinas invisibles. Su cuerpo tiembla, sudor perla su piel. Yo resisto, el menhir inquebrantable. Hasta que exploto, semen caliente la inunda. Colapso sobre ella, ligera como pluma. Jadeamos, pegados. El placer prohibido nos une en secreto.
El Despertar de la Pasión
Reabrimos las antiguas puertas entre casas. Su bodega guarda mi vino, mi cama la acoge. Noches enteras empalada en mí, cabeza en mi pecho, brazos colgando. Mi mano en su culito, dedo rozando ano. Contracciones la despiertan, gime dormida, ordeñándome. Follar aquí, en el corazón de mi infancia, es la cima de la transgresión. El pueblo chismoso ignora todo. Ella cierra temprano, yo finjo leer. Nos devoramos en silencio. Mi libro vende, pero esto es mi saga real: pasión visceral, cuerpos chocando en éxtasis oculto. Oso todo, y valió la pena. El secreto nos ata, la satisfacción quema hondo. Nadie sospecha al viejo marinero con la inglesa del pub. Mi obsesión vive, intensa, eterna.