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Mi obsesión secreta con Radhia, la gorda insaciable

En la brasserie frente a la estación, el corazón me latía fuerte. Todo empezó con un tipo en internet, Momo. ‘Radhia es un veazo gordo, fea como un pulgón, pero le encanta el culo. Una puta real’, repetía mientras nos pajeábamos juntos en Skype. Al principio, pensé que fanfarroneaba. Pero insistía. Me pasó sus datos: nombre, dirección, mail, teléfono, tres fotos. En ellas, una morena imponente, vientre enorme, tetas flácidas colgando. Cara gorda, mirada agresiva de suburbio agridulce. No era mi tipo. Pensé que solo machos dominantes la follarían. Mi polla no se inmutó.

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Pero la soledad picaba. Momo me dio el truco: inscríbete en el sitio de citas. Sé gentil, habla de divorcios, hazla soñar. No la llames puta de entrada. Inventé un perfil: ‘Hombre tímido, fan de curvas generosas, ternura y complicidad’. Mentí la ubicación cerca de ella. Le mandé un mensaje largo, emotivo. Respondió tras una semana. ‘Estoy libre. Nos vemos en un bar este finde. Cara a cara, nada de blablas online’.

El despertar de la pasión prohibida

Me mosqueó lo rápido. Mentí mal la distancia, se enfureció. ‘¿Mientes? Odio a los mentirosos’. Acepté a regañadientes. Llegué temprano al parking subterráneo, luego a la brasserie abarrotada. Tomé una mesa cerca de la puerta. Esperé. Media hora, una birra. ¿Me plantaba? Vibró el móvil. ‘Te veo’. Apareció: obesa, severa, mal encarada. ‘Podías haber elegido mejor sitio’. Me arrastró a otra mesa. Autoridad pura.

‘¿Por qué me ligaste? ¿Otra beurette para tu lista?’. Le conté todo: Momo, las pajas, sus cuentos. Se rio. ‘Michel, un flojo que no aguanta’. Me pinchó: ‘Tú también te pajeas con tíos, bi curioso. ¿Has chupado polla? ¿Te han follado el culo?’. Ruboricé. Admití. ‘Me gustan las putitas como tú’, dijo. ‘Ven, méteme mano. No llevo bragas’.

La follada sin límites en los baños

El calor subió. Polla tiesa. Nos besamos, lengua babosa invadiendo. Manos en sus tetas blandas, vientre obeso. Subí la falda, muslos gordos, coño rasurado chorreando. Dedos dentro, jugoso, caliente. ‘¡Para, nos miran!’, pero gemía. Pareja al lado nos espiaba. Se fueron. Me senté a su lado. Más beso, más dedos. ‘Baños abajo. Paga y ven’.

Baños diminutos. Apenas cabíamos. Sacó mi polla, la pajeó experta. ‘Buen tamaño para mi coño’. Se sentó, me la tragó voraz. Boca húmeda, lengua mágica. Me la comí yo: coño empapado, clítoris hinchado. La hice correrme, temblores, gritos ahogados. ‘¡Come, lame!’. Se quitó todo, sujetador cayó. Condón de su falda. Me lo puso, se empaló. Arriba abajo, pesada, jadeante. ‘¡Joder, qué rico!’. La chupé tetas, ella cabalgaba furiosa. ‘Me corro’. Eyaculamos juntos, ella aplastándome, sudor pegajoso.

Nos vestimos. Ella lamió mi polla limpia. Salimos, tres esperando, miradas mudas ante su gesto glacial. En la calle, ‘No vengas a casa, vivo con familia, barrio jodido’. Corrió al bus. ‘¿Nos vemos?’. ‘Tú decides si valgo los 100 km’. SMS: ‘Quiero más. Pero no soy fiel’. Secreto guardado. Polla dura recordando. Osa y vive el tabú. Nadie sabe mi vicio por esta gorda salvaje.

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