En el salón tenuemente iluminado de nuestra casa burguesa, Bérénice me observa con esa mirada aguda. Estoy febril. Sudor en las palmas. El corazón late fuerte. ¿Por qué? Mis relatos eróticos. Esos cuentos sucios que escribo en secreto para un sitio web de pervertidos anónimos. Horas frente al ordenador, polla dura imaginando escenas. Polvos salvajes, coños empapados, pollas tragadas. Pero el miedo me come. Críticas. Esos cabrones anónimos destrozan mi prosa con saña. ‘Basura pueril’, dirán. Y yo, Henri, cincuentón casado, tiemblo.
Ella insiste. ‘¿Qué te pasa, Henri?’ Su voz cortante. Le confieso a medias. Escribo guarradas. Para internet. Sitios de maricones de Sade wannabes. Ella se burla. ‘Puñetero infantil’. Pero sigo. Explico los trolls. Lectores crueles que masacran horas de mi sudor creativo. Fantaseo con huir de esta vida sosa. Sexo nulo con ella. Punto G perdido. Ella nunca gime. Yo, desesperado, me corro en sueños.
El despertar de la pasión
De repente, ella hurga en mi tableta. Lee mis envíos. O los del sitio. Rostro rojo. Rubor intenso. Sus pechos suben y bajan rápido. Manos tiemblan. Se toca entre las piernas. Yo observo, hipnotizado. Su falda sube. Dedos frotan clítoris. Gemidos ahogados. ‘Dios, Henri…’. El aire huele a excitación. Coño húmedo. Yo, tieso como palo.
Sus ojos brillan. Se arrodilla. Manos en mi bragueta. La baja de un tirón. Mi polla salta. Gruesa, venosa. Ella la mira con hambre. Boca abierta. Lengua lame glande. Saliva caliente. Chupa despacio. Labios apretados. Baja hasta la garganta. Arcadas suaves. Yo gimo. Manos en su pelo. Empujo. Follando su boca. Ella succiona fuerte. Bolas en su barbilla. Saliva chorrea. Ojos cerrados en éxtasis. Mi obsesión secreta cobra vida. Transgresión pura. Mi prude esposa, puta ahora. Por mis palabras sucias.
El acto sin límites y el secreto guardado
Sabor salado en su lengua. Mi polla palpita. Ella acelera. Cabeza sube y baja. Rápido. Viscoso. Sensación de fuego. Vientre contrae. ‘Me corro…’. Chorros calientes. Ella traga todo. Gime tragando. Limpia con lengua. Se levanta. Beso húmedo. Sabor a semen.
Pero… ‘¡Henri!’. Grito real. Salto. Fantasía rota. Ella en la puerta, camisón de franela. ‘Ven a dormir’. Polla flácida ahora. Realidad gris. No encontró el sitio. Google le dio pañales. Río por dentro. Secreto intacto. Mi placer prohibido sigue mío. Ansiedad vira a triunfo. Osé imaginar. Viví en mente lo imposible. Mañana, más relatos. Más transgresión. Nadie sospecha. Anónimo forever. Satisfacción profunda. Polla dura de nuevo al recordarlo. El interdito me excita más que cualquier polvo real.