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Mi obsesión secreta con dos rousas en el bosque prohibido

En mi roulotte, despierto de golpe, corazón latiendo como loco. Sueño febril: follo a Marie Lemieux por detrás bajo la luna llena. Sus nalgas pálidas rebotan, mi polla brilla de sus jugos. Le meto el dedo en el culo, luego la verga entera. Grita de placer, yo la embisto fuerte hasta correrme dentro. Ruido de motosierra me arranca del éxtasis. No hay asesino, solo leñadores cortando ramas tras la tormenta.

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Me levanto bandé como un toro, olor a café. Marie sonríe desde su silla, piernas cruzadas, maillot ajustado. Bûcherons babean por sus muslos. Me visto rápido, llevo cafés. Ella me besa largo, susurra: “Si lo tuyo con tu novia falla, te quiero ver”. Corazón en llamas. Pierrette llega, propone marcha al lago. “¿Nos desnudamos ya?” Mi verga tiembla.

El despertar ardiente y el anzuelo del deseo

Caminamos por el sendero, sol calentando pieles. Pierrette se quita todo primero, tetas bamboleando. Yo sigo, polla erguida saltando. Marie nos alcanza desnuda, solo sandalias y mochila. Sus tetas perfectas, rastro de bikini, coño con vello negro. “¿Marcha cul desnudo, no?” Risas nerviosas. Se miran mi polla dura. Pierrette: “Es mi turno hoy”. Marie fotografía “hongos”. Avanzo entre ellas, paraíso de culos y tetas.

Auto se acerca, porc-épic cruza. Corremos al bosque, tetas de Marie apretadas. Vozes de pueblerinos: “¿Y si está muerta? Iríamos al funeral por las estrellas”. Reímos. Llegamos al puente, riachuelo marrón. Vehículos vienen, ¡al agua! Boue hasta las rodillas, avanzamos lento, culos blancos en negro. Empujo a las rousas al fondo, ellas gritan riendo. Pick-ups pasan sin ver. Venganza: Marie me empuja, mi polla asoma sola. Risas salvajes.

La marcha desnuda: pasión cruda sin frenos

Agua clara al fin, rocas lisas. Saltamos troncos caídos, piel erizada en sombra. Marie se dobla a lavarse cara, vista brutal: ano arrugado, labios grandes húmedos. Pierrette guiña. Trucha pica pelo púbico de Marie, huye rozándome. Cascada ruge cerca. Playa de arena, poza enorme, cabaña gris. Subimos escaleras torcidas, mesa rústica. Nos sentamos exhaustos, boue seca como pintura de guerra.

Pierrette: “Vamos a lavarnos”. Saltan, cuerpos perfectos en cascada. Yo exploro cabaña: cama antigua, poêle, trastos oxidados. Fantaseo follándolas ahí. Bajo, me pincho nariz en poza. Piernas largas se lavan arriba, tetas firmes. Mi polla sale tiesa. Marie se estira en arena, diosa. “Vayan a la cabaña, pervertidos”. Pierrette me mira: “¿Listo?”. Tensión eléctrica, secreto nuestro en este edén salvaje. Oso capturado, tormenta pasada, Suzanne lejos. Solo deseo puro, pieles desnudas, promesas de placer sin límites.

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