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Mi Obsesión Secreta: El Éxtasis del Vuelo a Vela

Sábado 31 de julio de 1982, aeródromo perdido en Dordogne. El zumbido me eriza la piel. El Rallye se alinea en la pista, rueda lento. El cable se tensa. Estoy sangrado en el cockpit del viejo ASK-13, su hocico de delfín sonriente. Casco blanco, visera azulada, gafas de sol. Verifico: comandos libres, total recorrido. Verrière cerrada. Altímetro en cero. Pies en pedales, mano derecha en el manche. Retracto aerofrenos. Levanto pulgar. Listo para despegar.

El colega agarra el ala, la levanta. Horizonte se endereza. El remolcador acelera. El pájaro azul y blanco resbala. Patín raspa hierba, sacude el fuselaje. Incomodidad fugaz. Despegamos. Silencio regresa. Empujo manche: vuelo rasante, un metro del suelo. Rallye despega. Subimos controlando. Diez minutos, 500 metros. Piloto bate alas: ascendente. Tiro bola amarilla. ¡Clac! Cable se suelta. Ondea tras él. Giro izquierdo, centro en la térmica. Rallye ya silueta blanca, picando abajo.

El Despertar de la Pasión

Espiral en columna caliente. Vario marca 1-2 m/s. Tres minutos, 800 metros. Calculo: finesse 28, 14 km por 500 m perdidos. Cumulus a 2-3 km. Transición recta. Menos vario, más placer. Problemas terrenales, ridículos desde aquí. Espíritu asciende conmigo. Solo filetes de aire en alas, fuselage. Empujo manche: 160 km/h, rugido crece. Llego al cumulus, pierdo 150 m. Reduzco a 80. ¡Golpe en el culo! Corriente ascendente. Giro rápido. Manche izquierda, pedal izquierdo. Inclinación 60°. Horizonte bascula, defile sobre tablero. Ala parece retroceder. Curioso vértigo.

Correcciones precisas: manche, palonnier, bille centrada. Filo de lana en verrière, mi juez fiel. Detecta todo desliz. Subo 2,5-3 m/s. 1200 metros, barbillas del nube. Frío muerde, luz tenue. Ruta de cumulus delante. Salto de uno a otro, recupero altura bajo cada uno. En una térmica, tres busardos espiralan arriba, sin batir alas. A 180° de mis 16 metros envergadura. No máquina: extensión de mí. Vibro con él. Olvido todo. Libre en inmensidad. Como rapaces, ebrio de vuelo.

El Vuelo sin Límites y el Regreso Triunfal

Frente gris avanza. Cumulonimbus al horizonte, yunque amenazante. Corrientes salvajes, 50 m/s. Decido aterrizar. 1800 m: 40 km glide, reserva 300 m. Estoy a 20 km. Acelero 160 km/h, vario -2,5 m/s. Bruma sube campos. Pista avistada. Vent-arrière: velocidad-sol alta, Badin 90 km/h. Viento fuerte. Acorto, base en umbral. Rafagas: inclino ala para no volcar. Final: viento 90 km/h cara. Badin 110, suelo 20 km/h. ¡Estacionario! Pero 200 m alto sobre umbral.

Visualizo. Empujo manche, abro aerofrenos. ¡Nada! No baja. Doso. Apenas. Me pasaría pista. Abro todo, empuje fondo. Vibra descontrolado, vario -10 m/s. Mano izquierda en asas azules, derecha clava manche. Ojeo verrière, paracaídas rojo. Veinte segundos: suelo a 20 km/h reales. Arrondo último instante. Choque suave, hierba raspa. Tierra firme.

Abro verrière, suelto arneses. Salto, dejo paracaídas en asiento, bloqueo manche, cierro. Compañeros con 4L remolcan. Yo levanto cola por asa empenaje. Gotas tibias caen. En bar del aero-club, caigo: escapé muerte. Esas 30 segundos, claridad total, sin miedo. Robustez alemana. Secreto mío: esta adicción al borde, placer visceral del cielo. Nadie sospecha. Satisfecho, osé lo imposible. Vuelo normal… casi.

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