En el dormitorio de mi casa en Ardèche. El sol filtra por las persianas. Renata me mira con ojos tímidos al llegar del restaurante. Sus labios tiemblan. El peligro nos rodea, pero el aire huele a sexo pendiente. Me acerco. Su mano roza mi brazo, duda. La agarro por la cintura. Beso su mejilla, luego su boca. Húmeda, caliente. La arrastro al colchón. Valija tirada en el salón. Glaciares rotos.
Sus pechos pequeños se endurecen bajo mi palma. Jadea. Le quito la blusa. Piel suave, aroma a río fresco donde se bañó. Mis dedos bajan. Duve blond en su pubis. Lo acaricio. Ella arquea la espalda. ‘Cassandre…’, susurra con acento alemán. Mordisqueo su cuello. Piernas abiertas. Mi lengua lame su clítoris. Gime como felina. Cuerpo tenso. Sudor perla su vientre.
El Despertar del Deseo
La penetro con dedos firmes. Ritmo rápido. Sus caderas chocan. Olor a excitación moja las sábanas. ‘Más’, pide. Acelero. Sus uñas clavan mi espalda. El mundo afuera: Shadow, Meier, balas. Aquí, solo carne. La monto. Fricciono mi sexo contra el suyo. Calor funde todo. Gritos ahogados. Su orgasmo llega primero. Cuerpo convulsiona. Ojos en blanco. Me corro después. Explosión interna. Líquido caliente entre nosotras.
Agotadas. Drap sobre cuerpos sudorosos. Su cabeza en mi hombro. ‘¿Y Shadow?’, pregunta. ‘Nelle viene pronto. Aliada’. Ríe bajito. Dedos trazan mi cadera. Secreto nuestro. Fuera, lobos acechan. Aquí, placer intacto. Mañana, pistolas. Hoy, piel. Beso su frente. ‘Nadie sabe’. Satisfacción quema. Osamos en el caos. Vivo por esto. Transgresión pura.