Vivo en un pequeño pueblo. Cada dos o tres días, recorro diez kilómetros al pueblo vecino por pan. Las baguettes son exquisitas. Las dependientas, encantadoras. Hace tiempo, noto a una: Liliane, la dueña. Entre 45 y 50 años, rubia de melena ondulada, maquillaje perfecto. Blusa blanca, falda negra estricta, tacones altos. Discreta, curvilínea, siempre sonriente conmigo. Me sirve ella. Alarga las charlas. Me intriga.
El mes pasado, con mis dos baguettes, salgo hacia mi furgoneta C15 de caza, aparcada a metros. Una voz me para: ‘¡Disculpe, señor!’. Es Liliane. ‘Quiero verte fuera de la panadería’. Me quedo mudo. Me excita. ‘¿Por qué yo?’. ‘Te lo explico luego. Tengo apartamentos libres. Viernes, 15 horas’. Me da la dirección. Se va rápida.
El despertar de la pasión
Llega el viernes. Frente al edificio en una ciudad a treinta kilómetros. Aparece en un sedán alemán. Sale. Extasis. Jersey rojo ajustado, falda negra corta, botas de cuero. Magnífica. Deseable. ‘Hola, soy Liliane. ¿Y tú?’. ‘François’. Entro al apartamento coqueto. Se sienta frente a mí. Confiesa: vida cómoda, marido la ignora. Solo el trabajo. ‘¿Por qué yo?’. Sonroja. ‘Me pareces simpático, guapo. Me has gustado desde tus visitas’. Silencio. ‘Tengo 59 años. Sin hijos. Coincida. Me enamoré de ti’.
Sus ojos azules brillan. Piernas galbadas bajo falda subida. No imaginaba sus 19 años más que yo. Quiere follar. Me tutea: ‘Fóllame, mi guapo. Hazme gozar’. Se sienta a mi lado. Guía mi mano bajo su falda. Beso largo, ardiente. Mi polla duele, dura como piedra.
Aparto su tanga. Dedos en su coño ardiendo, empapado. Vaivén lento con tres dedos. Explota en orgasmo brutal. Le quito el jersey, el sujetador. Amaso, chupo sus tetas firmes, pezones largos hinchados. Se entrega. Desabrocha mi vaquero. Libera mi verga. Breve mamada. Saca condón del bolso. Se quita la tanga, sube falda al vientre. ‘Penétrame entero. Dame lo que quiero’.
La entrega sin límites
Sentado en el sofá, pantalón abajo, polla al ombligo. La agarra. Enfundada. Me besa voraz. Se monta a horcajadas. Empala su coño estrecho, rubio, peludo, líquido. Acelera. Grita cada embestida profunda. Diez minutos de asalto. Cambio: la pongo a cuatro. La taladro fuerte. Gime, ruge. Media hora. Eyaculo en el condón, litros de leche.
Yace boca arriba, piernas abiertas. Coño rubio expuesto, labios hinchados. Me pide paja. Chorro en tetas y vientre. ‘Quiero tu semen dentro. Eres mío’. Se masturba fiera. La follo otra vez, más salvaje. Agotados. Le devuelvo el sexo, el placer de gustar.
Casados los dos. Nunca infieles antes. Ahora, pasión feroz. Nos vemos a menudo. Follando mejor: mamadas, sodomía. Placer inmenso en su felicidad. Su coño adictivo. El morbo del adulterio me quema. Secreto nuestro. Oso, y valió cada riesgo.