En el pasillo de la oficina, avanzo con una pila de carpetas bajo el brazo. Paso por los escritorios, oigo teléfonos y charlas. Llego a la sala de reuniones. Toco y entro. Saludo. Es una junta restringida sobre inversiones. Dejo las carpetas en la mesa grande. Me siento. A mi derecha, Jean-Luc, RRHH, alto, pelo revuelto, siempre sorprendido. Al fondo, Pascal, el jefe, alto y seco, barba blanca. Frente a mí, Sylvie, la contable.
Le sonrío. Mis ojos recorren su cuerpo mientras hojea un clasificador. Cuarenta años, mediana, sin hijos, recién separada. Pelo corto rubio, ojos verdes risueños. Traje verde impecable, resalta su figura tonificada por aerobic. Piernas galbadas en medias, falda demasiado larga para mí. Blusa llena, escote sutil muestra curvas que me vuelven loco.
El despertar de la pasión
Pascal me saca de mis sueños. Presento el balance. Me levanto al proyector. Tengo treinta y cinco, soltero, pelo moreno, ojos marrones, origen mediterráneo. Alto, musculoso por deporte. Tímido con mujeres. Vivo solo. Termino. Sylvie toma mi lugar. La admiro. Me gusta. Charlamos en pausas café. Su risa, sonrisa. Quiero más, pero no me atrevo. Pensamientos chocan: ¡Invítala! ¿Y si dice no? ¿Y si sí? Es demasiado para mí.
Jean-Luc interrumpe. Junta acaba. Recojo y salgo. Veo a Sylvie con clasificadores. Me paro.
—¿Mano, Sylvie?
—No, gracias —sonríe.
—¿Café para bajar la junta?
—Sí, dejo esto y voy.
En mi oficina, dejo carpetas. Voy a la máquina. Ella llega.
—¿Como siempre?
—Sí.
Sirvo cafés largos sin azúcar. Nos sentamos. Charlamos. Entra Micheline, facturación.
—¡Hola jóvenes!
—Hola —decimos.
—¿Esta noche libres? Pago copas en el bistro por mi retiro. Diez personas, 18h. Venid.
—Sí —dice Sylvie.
—Yo también.
—Genial.
Se va. Nosotros también. 17:30, fin jornada. Guardo, cojo chaqueta. Café. A las 18h, al bistro. Todos allí. Saludo. Me siento junto a Sylvie.
Copas corren. Risas, alcohol suelta lenguas. 20h, se van. Quedamos solos, solteros. Terminamos vasos. Hablamos, reímos. Salimos.
—¿Sylvie?
—¿Sí?
—Si no tienes planes…
—¿Sí?
—¿Cenas conmigo?
—Con gusto.
La pasión sin límites
¡No lo creo! Vamos a mi coche. Cena soñada. No le quito ojos. Manos rozan. Tensión sube. Vino ayuda. Mi pie toca el suyo por error.
—Ups, perdón —sonrío.
—No molesta —sonríe.
—¿Sigo?
Mira riente. Sigo. Ojos fijos. Para su tenedor. Me mira. Sigo subiendo. Mollete. Se quita zapato. Presiona mi pierna. ¡Responde! Subo rodilla. Falda. Se pega a mesa. Invitación. Entro. Calor culotte. Presiono fente húmeda. Agarro sus manos.
H2_2
Sylvie jadea. Servidor pregunta. Digo sí, presionando. Ella ‘sí’ ronca. Se va. Sylvie va baño. Vuelvo, su pie sube mi muslo. Cojo donde paré. Manos bajo mesa. Agarra mi pie, lo pone en su sexo. ¡Sin bragas! Tozón mojado. Juego fente abierta.
—Me excitas tanto, sigue, voy a correr —susurra agitada.
—Sueño esto hace tiempo.
—Recuperamos, tu pie me vuelve loca.
—Te hago correr aquí.
—Habla… Seios duros, tócalos.
—Los mordería, chuparía.
—Voy…
Acelero. Ondula. Pezones duros. Miro. Pino uno por blusa. Grita suave. Acelera. Para. Étau en pie. Servilleta en boca, gime. La veo correr. Bella. Presión en mi polla dura.
—Dios, qué rico —murmura.
—Eres magnífica gozando.
—Basta hoy. Pero revancha. Estás jodido…
—No me muevo.
—Arreglamos.
Pide cuenta. Mirada hambrienta. Pago. Salimos.
—¿Vienes a casa? Copa.
—Placer.
Coche. Noche. Más placeres. Secreto nuestro. Transgresión pura. Osa, vive. Nadie sabe. Mi obsesión intacta.