La noche cae pero el calor persiste en la terraza de la casa de Laura. Todos ríen y beben en su fiesta. Yo no. A mis 53 años, recién abandonada por un marido infiel, forzo sonrisas. Mi colega insistió en cambiarme las ideas. Joven, podría ser su madre. Elegí vestido corto, revelador, con encaje debajo. Bronceada, pero ahora me siento fuera de lugar.
Perdida en pensamientos oscuros, su mano toca mi hombro desnudo. Salto. Sus ojos verdes me leen. “¿Estás bien?”. Asiento rápido. Me aprieta el codo. “Promete no irte sin avisar”. Sonrío. Ella se va, arrastrada por invitados.
El despertar de la pasión
La observo. Treinta y pocos, llegó al trabajo hace dos años. Eficiente, alegre. Nos llevamos bien pese a la edad. Su invitación me sorprendió. Nuestras miradas se cruzan. Complicidad extraña. Sé que es lesbiana, menciona a Ingrid a veces. Yo, solo un intento torpe con una vecina, rechazado. Mi ex soñaba tríos. ¿Con su amante?
Río sola. Laura pasa con bandeja. “Hermosa cuando sonríes”. Gracias. Sus nalgas bajo el vestido amplio me hipnotizan. ¿Aceptaría un trío con alguien como ella? Demasiado joven.
Dos mojitos borran ideas locas. Son las dos. La busco para despedirme. Sola en terraza, móvil en mano. “Gracias por la noche”. Decepción en su cara. “¿Ya te vas? Son las dos”. No trabajo mañana. “Quédate, tengo habitación de invitados”. Dudo. Sin cambio de ropa. “Es una noche”. Miradas se cruzan. Acepto. Beso cerca de labios. Tiemblo. Airea la cama.
A las tres, solos. Sofá de ratán, penumbra. Silencio. “Confidencia: eres mi colega favorita”. Río. “Me halaga”. “Tienes un encanto loco. Tu mirada, sonrisa… y el resto”. Corazón acelera. “¿El resto?”. Ríe. “¿Quieres dibujo?”. Silencio tenso. “Te muestro la habitación”.
La sigo. Linternas iluminan la casa de piedra. Se gira, besa tierno mis labios. Se aparta. “Perdón”. “¿Por?”. “Chocarte”. “No lo estoy”. Vuelve, frena dedos. Beso más firme. Gimo. Sonríe. Tercera vez, lenguas se enredan. Pechos se pegan. Sensaciones nuevas. Se endurecen mis pezones, humedad en encaje.
La pasión sin límites
Me arrastra a habitación lunar. Me tumba, devora boca. Mano sube muslo, roza falda. “¿Lo deseas tanto como yo?”. “Sí”. Dedos bajo falda, tocan encaje empapado. Río nerviosa. “Se nota”. Gimo, abro piernas. “Sueño con tu cuerpo meses”. Desabrocha vestido, toca pechos caídos pero firmes. “Adoro tu camiseta negra con corazón, marca tus tetas”. Las roza, agita pezones.
Ayudo a quitar vestido. Cuerpo pesado a la luna. Beso tierno, lágrimas. Manoseo sus nalgas redondas, pechos firmes. Boca en cuello, libera tetas. “¿Primera vez?”. “Sí”. “¿Te gusta?”. “Mucho”. Lame pezones. Gimo fuerte, agarro sábanas. Mano entre muslos, aparta encaje. Toca labios hinchados, clítoris.
Feulo, me retuerzo. Dedos ondulan. “¡Lánzate!”. Orgasmo antiguo despierta. Busco su boca. “Hazme correr”. Exploto. Largo, potente. Muslos aprietan su mano. Vagina contrae, jugos inundan sábanas.
Calma. Ella a mi lado, desnuda. “Perdón por sábanas”. Ríe, se pega. Pechos rozan. Beso sensual. Rueda sobre mí, vulvas pegan. Tetas chocan. Manoseo culo. Quito encaje. Nuda, ritmo en sommier crujiente. Tosones se mezclan, jugos unen.
Gime. “Me encanta… voy a correrme”. Aprieto nalgas. Gritos. Yo exploto primero. Ella tétanos, grita. Recuperamos en silencio. Miradas dicen todo. Dormimos enlazadas, calor pese todo.
El secreto queda guardado. Ose. Intensidad prohibida me transforma. Nadie sospecha. Mi placer oculto.