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Mi Secreto Prohibido: El Gang Bang de Inanna en el Hotel Diana

En el séptimo piso del Hotel Diana, el ascensor se abre a un pasillo secreto. Escaleras tapizadas. Un poema en la pared: Inanna, diosa del placer. Corazón acelerado. Sudor en las palmas. Empujo la puerta doble. Raul, el hombre de pelo blanco, me reconoce a medias. ‘Primera vez’, dice. Me envía a los gradins, un pasillo oscuro con ventanas espía.

Observo el salón lujoso. Espejos por todas partes. Catorce hombres desnudos o en slips. Buffets de frutas, champán. Se alinean en dos filas. La puerta se abre. Inanna entra. Cuerpo moreno, curvas perfectas. Nuisette transparente, arnés de cuero negro ceñido a senos, cadera, cuello. Talones altos. Camina entre ellos, roza pechos con dedos. Elige uno. Se arrodilla. Lo chupa con hambre. Polla dura en su boca. Otros se pajean.

El Despertar de la Pasión Prohibida

Es Raïssa. Mi agente, mi amor secreto. Jalón en el estómago. Celos queman. Excitación crece. Al lado, el patrón de MoonWar suda. ‘Gorlèze’, murmura. Lo reconozco. Seringa en mano. Le clavo en la yugular. Cae sin ruido. Lo arrastro. Corazón late fuerte. Salgo. Revelo a Raul mi pasado como Milly. Me deja entrar.

Ducha rápida. Serviette en la cintura. Entro al salón. Inanna a rodillas, rodeada de pollas. Esperma en su cara, pelo, cuello. Toca mi sexo lampiño. Me reconoce. Ojos brillan. Boca en mi verga. Lengua experta lame huevos. Gimo. Recuerdos: playas, tríos, su coño apretado. Otros pollas rozan su piel. La follamos con miradas.

El Éxtasis sin Límites y el Secreto Guardado

Círculo cierra. Nos pajeamos sobre ella. ‘Inondadme’, suplica. Eyaculo en su rostro. Orgasmo la sacude. Éxtasis compartido. Agua caliente en la ducha común. Lavamos cuerpos. Senos rebotan. Explico la misión Mantille, MoonWar destruido. Ella ríe: ‘Me chantajearon en una playa. Los maté en video. Demolé su red’. Ama gang bangs anuales. Poder total. Lágrima-prise. ‘Jaloux?’, pregunta. No. Excitado.

Raul avisa: el patrón muerto, mito de Inanna. Se viste: arnés nuevo, mantilla blanca. Segunda ronda. Sobre la mesa central, a cuatro patas. Lengüetazos en culo. Polla en coño. Otra en boca. Elliot aparece. Reímos. Día largo de sexo sin fin. Preservativos, respeto, éxtasis.

Semana después, con Charlène y Raïssa. Explicamos todo. ‘¿Por qué no dijiste?’, explota Charlène. ‘Hubieras querido unirte’. Risas. Unidos para siempre. Secreto mío: esta transgresión me consume. Placer culpable, prohibido. Nadie sabe. Satisfecho. Osado. Vivo.

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