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Mi traición con el gordo Tonio: el fuego prohibido en la fábrica

En casa, después de una jornada de mierda en la fábrica. Sudada, cansada. Mi marido Bernard, camionero, llega luego. Lo amo. Su brutalidad macho, ringard, me pone. Me folla fuerte, sin pijadas. Me llama putita, imagina que me viola. Veintidós años casados, follamos diario. Sin bragas, sin sujetador. Natural, sin maquillar. Verano, sudada, huele mis axilas. De septiembre a junio, sin afeitar. Le chiflan mis pelos.

Ese atardecer, el nuevo capataz Tonio me ha dragado todo el día. Cuarentaycinco tacos, pero sigo gustando. Gordo, calvo, vicioso. Bromas sucias, guiños. Pesado, pero me excita. Siento su deseo. Lolita mojada, mancha amarilla. Me toco el clítoris. Imagino su cabeza rapada, ojos lascivos. Si Bernard supiera… Me merecería una hostia. Pero amo hombres lubricos. Cierro ojos, froto fuerte. Tonio me come el coño. Su barriga, su paquete lleno. Crujen neumáticos. Bernard entra. Me pilla en el sofá, falda arriba, dedos dentro.

El despertar de la pasión

—Humm, puta, tienes el culo en llamas.

Sí. Bragueta abajo. Su polla, la saco, chupó avidísima. Pero fantaseo: es Tonio, en el taller. Bernard me lima duro. Polla de hierro. Pero corro pensando en el gordo. Días después, le suelto lo de Tonio. Draguea a todas, a mí también. Manos en el culo. Bernard furioso.

—¡Le rompo la cara!

Pongo porno. Le chupo mientras mira. Pienso en olor de Tonio. Mouille como loca. Le pido anal como la zorra de la tele. Me abofetea nalgas, mete su tronco. Duele delicioso. Me corro frotándome, soñando con el jefe. Salgo a por niños, culo chorreando semen. Me siento puta. Tonio fliparía.

Al día siguiente, resisto bromas de Tonio. Pero mouille. Decido: Bernard en Polonia, hoy pruebo.

En su oficina, mediodía. Le suelto: si me quieres, cógeme. Me manosea.

—Sabía que eras zorra. Ven a la salida, te daré polla gorda.

Dieciséis treinta. Todos fuera. Entro. Baja persianas. Saca bestia: más gruesa, larga que Bernard. Huele fuerte, me enciende. Me arrodillo, chupo. Masajeo barriga peluda. Viril. Me pone sobre mesa, sube falda, embiste. Brutal. Me llama puta. Jugo quince días fantaseando. Me corre rápido, espasmos. Él eyacula dentro, multiplica placer.

No acaba. Me desnuda. Se sienta, polla tiesa. Me empalo. Cabalgo salvaje. Corremos juntos. Teléfono: su mujer. Le lame mientras miente. Me quita caramelo.

—Mañana más, zorra.

La pasión sin límites

Encantada. Casa, ¡shock! Bernard temprano. Discusión. Niños testigos. Me abofetea.

—¿Con quién follaste, puta?

Niega, ve semen en bragas. Me pone a cuatro, anal seco. Duele, grito. Merecido.

—¿Quién?

—Tonio, mi jefe.

Furioso, me deculea.

—Acaba con boca, trágatelo.

Chupo, trago todo. Luego, pregunto detalles. Le digo: fuego en culito, Tonio me calienta.

—¿Volverás?

—Sí, su polla enorme me llena coño.

Se enfurece, me folla a hostias. Amor castigo. Secreto roto, pero osé. Excitación prohibida intacta. Mañana, más.

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